miércoles, 12 de octubre de 2016

Espisodio de la independencia nacional

A 205 años de la Proclama del Avestruz

En tierras hoy olimareñas, Ramón Villademoros intenta resistir la invasión lusitana

               Las propiedades de Romualdo de la Vega - uno de los primeros adquirientes de las heredades de Bruno Muñoz- ocupaban casi 50 mil hectáreas del hoy departamento de Treinta y Tres, en los albores de la revolución en 1811. Concretamente, el territorio comprendido entre el río Olimar Grande, el arroyo Avestruz Grande y la Cuchilla Grande, en ese entonces el principal camino para acceder desde el sur de la Banda Oriental al recientemente fundado pueblo de Melo (1795).
La inmensidad de las sierras, campos de De La Vega

                 En Melo, precisamente, vivía desde principios de siglo don Ramón Antonio Rodríguez Villademoros Carbajal y Candamo, un asturiano que había arribado a América veinteañero para trabajar como dependiente en la tradicional casa de Ramos Generales Durán de la Quadra. Abraza la carrera de las armas sumándose a la defensa ante las dos Invasiones Inglesas, y tras contraer matrimonio en 1805 con la montevideana Josefa Palomeque, se muda a la incipiente ciudad del Cerro Largo, donde nacen sus hijos (entre ellos Carlos, abogado, escritor y político blanco, estrecho colaborador de Oribe), continuando con su actividad castrense a las órdenes del Virreinato español, en la Guardia de Melo.
                   Corre el año de 1810 y se asoman tiempos de revolución. Comienzan desde Buenos Aires los enfrentamientos armados entre patriotas y realistas, los que paulatinamente se trasladan hacia nuestro territorio. A comienzos de 1811, Montevideo se convierte en sede del Virreinato del Río de la Plata con la radicación del novel virrey Francisco Javier de Elío; y día a día aumenta cada vez más la simpatía de los criollos de la Banda Oriental a favor de la revolución, estimulada por la acción represiva de Elío.
               Días después del Grito de Ascencio del 28 de febrero de 1811, cuando todavía Villademoros formaba parte de las fuerzas realistas, cae prisionero de un grupo de insurgentes criollos, y es trasladado a un cuartel de Mercedes. Ahí conoce al General José Rondeau, de quien se convierte en ferviente admirador y seguidor, y se pasa al bando revolucionario, donde militaba además el caudillo oriental José Artigas.
                Participa activamente de la Batalla de Paso del Rey, y en la Toma de San José del 25 de abril ya era subteniente de caballería a las órdenes del capitán Manuel Artigas. Por aquel entonces ya era solamente Ramón Villademoros. Había perdido la extensión de los apellidos. Pese a no tomar parte directamente de la Batalla de Las Piedras, el 21 de mayo está junto a Rondeau cuando se instala el Primer Sitio a Montevideo.
Otra imagen de las sierras

                   Al verse sitiado, el Virrey Elío acepta la ayuda ofrecida por el Rey de Portugal, que envía un ejército de 4 mil soldados al mando del general Diogo de Souza.  Apenas ingresado a nuestro territorio el jefe del ejército lusitano publicó un manifiesto a los habitantes de la Banda Oriental, sobre las puras y leales intenciones de su Majestad Real que era pacificar las tierras de Su Majestad Católica y no conquistarlas. “No es con intención de conquistar vuestro país, que me determino a entrar en él, el objetivo de mis operaciones tendrá solamente en vista apaciguar las querellas de una revolución que desgraciadamente os inquieta y os obliga a derramar sangre de vuestros propios compatriotas”.
             Al mando de una partida de una decena de soldados y cumpliendo órdenes de Rondeau, vuelve a su Melo familiar, a prestar ayuda en la defensa de la ciudad, pero cuando llega se encuentra con que el comandante de Cerro Largo, Joaquín de Paz, había rendido la villa al enemigo “para evitar su destrucción”.
              Los patriotas no creen en esas “puras” intenciones expresadas por De Souza, y Villademoros, actuando en la campaña próxima a Melo, se aboca a reunir fuerzas consiguiendo adeptos para la causa patriota, estando en constante contacto epistolar con su jefe admirado Rondeau, quien en una carta escrita en el Cuartel de Arroyo Seco, le confirma que las marchas y operaciones observados a los invasores “son de enemigos” y le insta a  observar e informar de los movimientos del ejército portugués, recoger ganado y caballadas que pudieran servir, y continuar reclutando paisanos para enfrentar al invasor, “les procurará Ud. hacer los daños q.e pueda, dirigiéndose con la prudencia y pulso q.e exigen las circunstancias. Dios guíe á Ud. M.s años. José Rondeau”.
               Villademoros obedece al pie de la letra, hostigando con guerrillas a simpatizantes realistas y a fuerzas lusitanas.

            Y es en las vastas tierras de Romualdo de la Vega, patriota de las primeras horas, donde Ramón Villademoros instala su campamento y se aboca rápidamente a cumplir las órdenes recibidas.
El grueso del ejército portugués que había tomado Melo y acampado en sus inmediaciones, parte a fines de agosto hacia Santa Teresa, quedando en la villa una fuerza portuguesa al mando de Manuel Alvares Guimaraens. Enterado en los primeros días de setiembre que en Melo había quedado tan solo esa pequeña fuerza defendiendo la plaza, y contando ya con una tropa cercana al centenar de hombres aunque con muy poco armamento, planea un ataque para recuperar la ciudad. Rondeau reconociéndole ya el grado de Capitán le anuncia el envío de refuerzos para facilitar la reconquista. Villademoros entonces elabora y dirige una memorable proclama, que transcribimos a continuación:

Campamento en el Avestruz, setiembre 15 1811.

Valientes Americanos. Después de tantas fatigas, para recobrar vuestra libertad ¿podréis mirar con indiferencia, que una nación extranjera, venga a poner sobre vuestros cuellos un yugo de bronce? ¿Permitiréis que los portugueses, bajo el fingido pretexto de pacificar entren soberbiamente en vuestros campos, insulten vuestras personas, logren el fruto de vuestros sudores, violen vuestras mujeres y vuestras hijas, dejándoos a un tiempo sin honor, sin libertad y sin bienes? NO. Tenéis un corazón esforzado y al oír estas palabras, me parece ver impreso en vuestros semblantes el furor, la rabia y el espíritu de la más cruel venganza, pues ¿Qué hacemos? Los portugueses que atropellando injustamente vuestros derechos, han entrado en este país, nada más han hecho que violencias, robos, insultos, con el orgullo más insufrible.
  Si cuando dicen que vienen solo a pacificar nos hacen sufrir tanto oprobio; ¿cuál será nuestra suerte, al ser tardos en manifestarles nuestros esfuerzos, si consiguen dominarnos? Mi corazón tiembla con tan triste recuerdo:
Unámonos pues, hagamos ver que somos libres y valientes; caigan hechos pedazos a nuestros pies y vayan tan escarmentados que ni aun acierten la senda que guía a su país, sufran las cadenas que nos labran y confiesen envueltos en miserias y despedazados de un arrepentimiento inútil, que nada es capaz de resistir al hombre cuando defiende sus derechos y la Libertad de su Patria.
  Son muy débiles sus armas: el desprecio con que nos tratan y el concepto que habían formado de que somos cobardes, aseguran mejor nuestra victoria: estoy bien cierto, de que hasta en sueños están ocupados con mil peligros, que ven en una retirada, que aunque es vergonzosa, es el único medio triste de salvar sus miserables vidas. Ya comienzan a temernos y han probado mucho en todas partes los efectos de su locura y de nuestro valor.
 Tiemblen pues, tiemblen al oír el nombre que nos distingue, si prosiguen insultando a unos hombres que han decretado morir con honor a vivir libres.
Ramón Villademoros. 


             El 22 de setiembre, Villademoros recibe la orden esperada: atacar Melo. Un oficio de Rondeau de esa fecha, exhorta a … “emprender esta acción”, extendiéndose en augurios y consideraciones, agregando que “he visto la preciosa Proclama de VM. digna de elevarla al conocimiento de la Exma. Junta”, y señalando por último que asegure al “Vecino D.- Romualdo de Vega a más de su patria se le done desembolsos y se tendra müi precénte el servisio que hace como un particular merito qué contrae”.
              Al mismo tiempo, el enemigo no permanecía estático. Una de las cartas de Rondeau había sido interceptada por los portugueses, y estaban en conocimiento de las intenciones de los criollos encabezados por Villademoros.
Recuerdo a Villademoros y su proclama, en la Escuela 69
           Con el propósito de evitar que se le unieran los 250 hombres de refuerzo comandados por Manuel Francisco Artigas, hermano del prócer, que había enviado Rondeau, aúnan esfuerzos tres partidas portuguesas, una de 73 hombres al mando de Manuel Joaquim de Carvalho, 30 comandados por Bento Lopes, y una tercera de 60 efectivos encabezados por Antonio Pinto de Fontoura, que el 29 de setiembre atacan inesperadamente el campamento revolucionario “en el rincón de la Avestruz, estancia de Romualdo Vega”, según el parte oficial portugués, diezmando las tropas de Villademoros (murieron 37 de los 110 hombres que la componían y le toman muchos prisioneros), escapando perseguido y herido el capitán con una pequeña escolta. Notifica luego a sus superiores su derrota desde “Puntas del Yerbal”. Días después, es capturado y enviado prisionero a Río Grande, donde permaneció en la cárcel hasta ser liberado tras el armisticio de octubre, que dio lugar además al levantamiento del Primer Sitio de Montevideo y al inicio del Éxodo liderado por Artigas.

               Una vez en libertad, vuelve a ponerse a las órdenes del ejército comandado por Rondeau: participa en el Segundo Sitio a Montevideo en octubre de 1812; y más tarde, en setiembre del 13, cruza el río de la Plata para asumir como Teniente de Cazadores en Santa Fe. Acompañó al Ejército del Norte de Belgrano, y cuando Rondeau asume el comando del Alto Perú, Villademoros ahí está. Se encuentra en la vanguardia y es capturado por los españoles en la localidad boliviana de Oruro, y fusilado el 20 de octubre de 1815, por ser español combatiente contra el imperio.
Desfile en conmemoracion de los sucesos, en la Escuela de Avestruz Chico
Foto de los años 70, gentileza de la maestra Adriana Caraballo

             Su retrato cuelga a la derecha del de Simón Bolívar en el Museo Bolivariano de Lima y sendas calles en Melo y Montevideo le recuerdan por su valiente actuación en defensa de la independencia americana. La escuela N° 69, de Avestruz Chico, también lleva su nombre.

2 comentarios:

  1. Encomiable tarea, mi querido amigo. Ir al rescate de la historia es echarle agua a las raíces sin las que planta alguna puede vivir. Felicitaciones

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