jueves, 17 de agosto de 2017

TVOHoy ... retornos y recuerdos

40 años después...





                                                  TVohoy fue de esas cosas característicamente olimareñas. Un grupo de muchachos embarcados en la casi quijotesca tarea de hacer humor en vivo, sin más experiencia que las payasadas desarrolladas en asados y reuniones de amigos, sin estudios artísticos que avalaran el intento, sin estructura ni fondos ni respaldo: solo ideas, ganas, entusiasmo y la cuota necesaria de temeridad que otorga la juventud y el desconocimiento de la magnitud del proyecto que se encaraba.
                                             Fue así que un 6 de octubre de 1980, en un Teatro Municipal repleto de gente que había concurrido para colaborar con el Liceo Departamental (el único por entonces en Treinta y Tres) que sería la institución beneficiada con lo recaudado, debutó el grupo con un éxito arrollador. 


                                    A la luz de este resultado y a pesar que TVohoy se había conformado con ese único objetivo, para esa única función, se decidió continuar con la actividad, desarrollando nuevos espectáculos, al principio sin variar mucho el repertorio, pero más tarde ampliándolo y si se quiere de alguna manera “profesionalizándolo, con actuaciones en el propio Teatro Municipal,  otras más en el Club Centro Progreso, e incluso exportándolo fuera de fronteras departamentales, en Montevideo, Minas, Chuy, las más recordadas.
                                     El espectáculo consistía en “sketchs”, obras cortas de poca duración, que satirizaban algunos programas de televisión de aquellos días, con libretos propios, armados “a pulmón” en interminables reuniones de ensayos, risas y diversión. Así nacieron, por ejemplo “Morumbí Pregunta”, acto que satirizaba el recordado programa de preguntas y respuestas “Martini Pregunta” que hacía furor en aquellos días. O “Pescado en Carnaval”, sátira de la telenovela brasileña “Pecado Capital”, o “Chicos valores del Tango”, licenciosa versión del afamado programa que por años dirigió Silvio Soldán, e inclusive una versión de un informativo.

Los inicios

                                               Corría el invierno de 1980 cuando comenzamos los ensayos, a veces en casa de alguno de los integrantes, a veces en el salón de actos del Liceo, y otras veces en una casa vacía que se había conseguido a esos efectos, casi en la esquina de Simón del Pino y Felipe Carapé, que luego fue la casa del Partido Colorado.
Fue ahí que se fue afianzando el grupo, integrado en esos inicios por Carlos Facet, Carlos Moreira, Jorge “Corto” Quintana, Miguel “Ratón” Denis, Luis “Flaco” Tabarez, Gustavo “Moroco” Fernández, Nilo Costa y yo, casi que de "agregau".

                                                A medida que iban surgiendo ideas para nuevos “sketchs”, y se acercaba la fecha del debut, también se iba tomando conciencia del esfuerzo que supondría la puesta en escena del espectáculo y de la multitud de detalles que había que afinar. Se fueron convocando amigos y conocidos, generándose una “movida” de algunas decenas de muchachos que se fueron involucrando con la idea. La base fue del grupo de servicios “Cadetes de Interact”, pero además fue necesaria la participación de otra cantidad de gente, además de los “actores” y, nobleza obliga, fue decisiva la participación como coordinador de todos estos esfuerzos la destacada labor de “Carlitos” Facet.
                                        Hacía falta “extras” que cubrieran las necesidades de ambientación de algunos actos, iluminadores para manejar las luces, sonidistas para las cortinas musicales, maquilladoras, utileros, vestuaristas. La ambición de perfección, a medida que se acercaba la fecha, era importante, y los esfuerzos en tal sentido se multiplicaban.

                                                       El sonido quedó entonces a cargo de Sergio “el gordo” Almeida, la iluminación la manejó Ruben Melgarejo; algunas de las chiquilinas de la época oficiaron de maquilladoras y vestuaristas (recuerdo particularmente a Nancy Medina, Mabel Isaza, Marjorie Isaza, Charito de Castro, pero eran algunas más), una veintena de “gurises” tomó parte como extras, y otros tantos fueron los encargados de la utilería para ambientar los distintos actos.

                                                     La utilería fue un capítulo aparte, al menos en lo previo. Quien más o quien menos trajo algo de su casa, pero además hubo que conseguir “por todos lados” desde alguna prenda de ropa hasta los más variados instrumentos musicales que se usaron tanto para conformar una orquesta sinfónica para el sketch que se denominó “Sinfónica Jazz”, como los necesarios para la orquesta del “Chicos Valores”: violines, viola, violonchelo, tubas, trombones, saxos, percusión, bandoneón, etc. Hasta hubo alguno, como el “Ratón”, que trajo el propio living de la casa para el sketch de la novela.
                                                     Y llegó el momento del debut tan ansiado y temido. La tarde previa, en un caótico “ensayo general” se intentó ultimar detalles, y quedó todo aceptablemente pronto, hasta unos impecables “programas” que se entregaron con la entrada, confeccionados en serigrafía por el recientemente fallecido Sergio Denis. 

                                                    Pero los imprevistos existen y por motivos particulares, Nilo Costa se vio impedido de participar, y sobrevino una pequeña crisis, que se subsanó rápidamente con el reparto de sus personajes y recuerdo muy especialmente los nervios del “Corto” que casi sin ensayo, tuvo que hacerse cargo del presentador del primer sketch de la noche.

                                                      Ya en este primer acto, se generó la primer anécdota de tantas. El sketch se trataba básicamente de la parodia de un conocido programa musical de televisión donde fallaba el artista principal y aparecía sorpresivamente el comedido de siempre que sobre la marcha conseguía un reemplazo. El “Corto” oficiaba de presentador del programa, y el “Ratón” era el encargado de solucionarle el problema. Para crear un golpe de efecto en el ingreso a escena de este último, la idea original era que se lanzara en una cuerda desde bambalinas en el piso superior, pero la altura era tal que se temió un accidente, y hubo que cambiar de idea, decidiéndose que el “Ratón” se ocultara en el sitio reservado para el “apuntador”, que tiene una trampilla por la cual se accede al escenario, y que en el momento justo se abriría sorpresivamente y de ella emergería el actor, que se tuvo que esconder antes que empezara a ingresar la gente a la sala. Todo transcurrió por los carriles previstos, lográndose un buen golpe de efecto, pero la falta de experiencia o una distracción hicieron que nadie volviera a cerrar la trampilla. El “espectáculo salvador” que se ofreció en el sketch, era una versión del grupo musical “Village People”, que se caracterizaban por el vestuario de sus integrantes, que se vestían uno como indio, otro policía, un obrero de la constricción, un cow-boy, un soldado y un motoquero, este último el líder del grupo, papel que interpretaba “Moroco” Fernández. Cuando éste irrumpe en el escenario, caracterizado y portando sendos lentes oscuros, un poco encandilado por las potentes luces de frente y hablándole a la platea, repentinamente se sumerge en el pozo que había quedado abierto, casi desapareciendo de escena y provocando un estallido de carcajadas del público. Consciente que “el show debe continuar”, se incorpora como puede y continúa el acto, dolorido y bailando al son de la música.

                                          Tampoco puedo olvidar de aquella primera actuación, la participación de Julio García con su personificación de “Palito Ortega” acompañado por la orquesta “Sacramento”, integrada en ese entonces por “Nito” Orique, Wellington Martínez, Sergio Nuñez, Sergio Sampayo y Roberto “Tortugo” Avila. Originalmente, “Palito” iba a cantar solamente un tema, pero al verse frente a tanto público, enganchaba una canción tras otra al punto que prácticamente hubo que cerrarle el telón para que parara.

                                                     ¡Habría tanto y tanto para detallar de esa primer jornada! Tantas anécdotas y vivencias. Desde la “pelea” de boxeo presentada en el informativo entre el “Corto” y el “flaco” Luis Tabárez, Carlitos Moreira respondiendo preguntas en “Morumbí”, Facet totalmente poseído por sus personajes de charro mejicano interpretando la canción de los mariachis de Les Luthiers o de Soldán en Chicos Valores; “Moroco” y el “Ratón” con su histrionismo innato, hasta los apurones “tras bambalinas” por los cambios de vestuario o de escenografía.

Viento en la camiseta

                                                El éxito de ese primer show, y la satisfacción por haber logrado además de brindar un buen espectáculo, el divertirnos increíblemente, facilitó la voluntad de seguir adelante con el grupo, como se dice normalmente, TVohoy había agarrado “viento en la camiseta”. Se hicieron un par de espectáculos más en ese mismo año, siguiendo con el repertorio original, y después en el transcurso de los siguientes tres o cuatro años se siguieron sucediendo actuaciones, en las que además de producirse nuevos “sketchs”, se fueron incorporando nuevos actores y participantes, manteniendo siempre la base fundamental integrada por los dos Carlitos, el “Ratón”, el “Corto”, el “Flaco” y el “Moroco”. 

                                                     Pronto el teatro quedó chico, y los shows se trasladaron al Progreso, donde se llegó al cenit tanto en cantidad de espectadores, como en calidad del espectáculo: ya no eran los muchachos inexpertos, se había ganado en confianza y experiencia, y eso se notaba tanto en la comunicación con el público como en la seguridad e improvisación que también marcó una impronta.
                                                Montevideo (especialmente recuerdo una actuación en el Automóvil Club), Minas y Chuy en varias oportunidades también fueron testigos del empuje y calidad logrados por el grupo. Tiempo después, si mal no recuerdo por allá por el año 90, se realizó la última función: el festejo de los 10 años de TVohoy tras algunos años de inactividad, que nuevamente conjuntó gran cantidad de público ávido por participar y contemplar el show que sin dudas marcó una época y una generación en nuestra ciudad.
                                         Hoy, casi 40 años han pasado y los veinteañeros somos sesentones. Probablemente -aunque muchos lo recuerden-, las nuevas generaciones solo hayan escuchado hablar a algún nostalgioso de esa época. Ya confirmado que se habrá de concretar el regreso de la barra a las tablas a modo de recuerdo nostálgico, para revivir momentos como aquellos y volver a ver un espectáculo inolvidable, que quizá pueda servir de agente motivacional para que nuevas generaciones agarren la posta y transiten por el camino de la creatividad y compañerismo que ese grupo logró recorrer.