sábado, 15 de junio de 2019

"La campaña es un desierto"


El viaje del presidente Juan Francisco Giró y su relación con la fundación de Treinta y Tres





                                             La Guerra Grande había finalizado tras una docena de años de cruel lucha, enarbolando divisas que aún hasta nuestros días perduran. Ese final dejó un gran deseo de paz en la mayoría de los actores, expresado en la reconocida frase “Ni vencidos ni vencedores”, que fue el espíritu del tratado de paz firmado el 8 de octubre de 1851.
                                             Eran tiempos difíciles. Mientras había durado la guerra, los dos gobiernos paralelos en litigio habían financiado sus acciones tomando préstamos que se reconocieron como “deudas del estado” en el mencionado tratado. El descuido de la campaña había facilitado el contrabando incontrolado y los campos estaban despoblados, de ganados y de gente; la principal actividad comercial de exportación de la época, la industria saladeril, que previo a la guerra contaba con más de 30 establecimientos se había visto reducida a 3 o 4 que quedaban en funcionamiento.
                                             En marzo de 1852 es elegido Presidente de la República don Juan Francisco Giró, (soldado de la independencia, constituyente entre el 28 y el 30), con el apoyo de fuerzas blancas y coloradas, iniciando lo que se llamaría “gobierno de fusión” y que intentaba limar las asperezas de la guerra civil y poner en práctica un gobierno que obviara las banderas partidarias.
Preocupado sin duda por la situación de ruina económica y financiera que debía soportar el país al asumir (las rentas aduaneras y otros recursos hipotecados a favor de los acreedores del Estado), el presidente decidió interiorizarse de la realidad socio económica de nuestra agropecuaria. Consciente de que la única fuente de auténtica riqueza radica en el sector primario, Giró quiso conocer de cerca las consecuencias de la guerra en la realidad de la campaña, y en setiembre de 1852, emprende una gira por el interior del país que culminará a mediados de diciembre.
                                               Una extensa comitiva participó del mencionado viaje, y muchas autoridades locales acompañaron tramos del trayecto, poniendo al tanto a la cúpula de gobierno de la problemática real.


                                                    Este viaje, que en sus propias palabras tuvo como principal resultado concluir que “la campaña es un desierto”, provocó en consecuencia muchas acciones gubernamentales actuando para repoblar y dar seguridad a la campaña. En ese marco, es que Giró aprueba, en marzo de 1852, la aprobación del proyecto presentado por Dioniso Coronel y acompañado por la firma de vecinos, para la creación de la ciudad de Treinta y Tres.
                                                          Giró había pasado por la zona, había sido retrasado por el Olimar crecido en primavera, y había recorrido y hablado con los pobladores locales.

El viaje de Giró según crónica de la época

                                               El periódico capitalino “La Constitución” había enviado un corresponsal integrando la comitiva presidencial, y en sucesivas publicaciones va realizando una síntesis de los avatares de la gira presidencial. El duro trayecto de seis o siete días y 60 o más leguas desde Minas hasta Melo pasando por el Paso Real del Olimar, es testimoniado por el mencionado corresponsal en sendas notas, de las cuales extractamos lo más significativo.
                                               El día 11 de noviembre, finalmente, la caravana encabezada por el Presidente Giró prosigue su viaje saliendo de Minas con destino a Melo: en una nota encabezada en “Barriga Negra” el día 12 y publicada el 15 de noviembre en el periódico de referencia, el corresponsal explica que “ ayer a las 7 y media salimos de las Minas; a eso de las 11 paramos para dar alivio a los caballos á inmediaciones del cerro del Bonete, en la estancia de las Maestres. Como a la una de la tarde volvimos a emprender la marcha y a las 5 de la tarde hicimos alto en la estancia de D. Vicente Rodríguez; pasamos la noche y esta mañana a las 7 nos pusimos en camino. Son las 11 y media y acabamos de hacer alto en la cantera de D. Antonio Vidal (…) Tenemos la intención de ir a hacer noche en la estancia de Corbo, del otro lado del Paso Godoy (…) en dirección a Cerro Largo nos quedan seis buenos días de marcha”.


                                                El día 18, nuevamente escribe el corresponsal una extensa crónica, esta vez informando de la llegada de la comitiva a Melo, el día 16 a las 6 de la tarde, y según sus propias palabras, transcribiendo de sus apuntes “detalles de nuestro viage por su orden”, los que transcribo textualmente por considerarlo de interés central para nuestra zona, ya que esas vivencias tienen relación directa con la fundación de nuestra ciudad de Treinta y Tres.

                                               El día 13 a las 6 ½ de la mañana nos ponemos en marcha, a las 8 pasamos el Pirarajá y a las 11 llegamos al Paso de Gutiérrez, tapera de los Cardozo, para almorzar y dar descanso a los caballos – a las 3 de la tarde dejamos ese lugar – son las 5 menos ¼ y acabamos de llegar al paso de los Corrales donde pasaremos la noche pues a pesar de nuestro propósito del alcanzar hoy hasta Olimar nos es imposible a causa de lo avanzado de la hora y de ser la jornada un poco larga.
                         Día 14 – Son las 6 y ¾ de la mañana y dejamos los Corrales. A las 9 llegamos al Paso del Olimar Grande. Nos apeamos en este punto en la estancia de la viuda de González con la intención a permanecer aquí hasta que se efectúe el pasaje de los carruages, caballos, &a. – A las 2 de la tarde pasamos el Olimar Grande embarcados – a las 3 ½ nos apeamos        para hacer noche en la estancia de D. Frutos Medina situada en las caídas del Yerbal – Desde Olimar a este punto nos ha acompañado una fuerte garúa.
                          Día 15 -  A las 7 ½ de la mañana salimos del Yerbal a pesar del agua que aún continúa. A las 10 ½ hicimos alto en los Corrales, Cuchilla de Dionisio, en una pulpería de campaña por no tener otro sitio donde refugiarnos – Allí almorzamos y permanecimos hasta la una, hora en que salimos. – a las 3 ¼ pasamos el arroyo de Otaro, a las 7 y media llegamos a Guazunambí, estancia de D. Juan González (a) el curtidor – Esta jornada ha sido una de las más fatigosas, no solamente por el mal camino, sino por las continuas garúas que no han cesado en todo el día.
                          Día 16 – Son las 10 de la mañana y nos ponemos en marcha para el Cerro Largo – es la 1 ½ de la tarde y acabamos de pasar el arroyo Tacuarí. En su margen izquierda permanecimos dos horas para dar aliento a los caballos – A las 2 y ½ recibimos un chasque de Montevideo, y a las 3 ¼ emprendemos  montamos de nuevo para rematar nuestra jornada de Minas al Cerro Largo, en la que hemos ido sorprendiendo a fuerza de la rapidez con que vamos marchando. Son las 6 de la tarde y acabamos de llegar  a la villa de Melo del Cerro Largo.

¿Existen hoy los lugares nombrados en la zona?

                                            Los datos referentes a lugares y pobladores de nuestro medio de la época nos deja planteados a los interesados en los detalles históricos, tres interrogantes principales: cuál era la casa de la “viuda de González” en la margen derecha del Olimar donde esperaron que fuera vadeado el río, dónde era la casa de “Frutos Medina” en la que hicieron noche los viajeros, y cuál y dónde era la “pulpería de campaña sita en Los Corrales, Cuchilla de Dionisio donde debieron guarecerse de la tormenta.

                                                                    Investigaciones realizadas por el estudioso coterráneo Amílcar Brun Almiratti, tras exhaustivo estudios de documentos y la geografía lugareña, le han permitido llegar a la estimación razonable de haber encontrado el lugar donde estaba la casa de Frutos Medina, cuya ubicación exacta de momento nos reservamos hasta no lograr la convicción basada en pruebas o documentos que comprueben
fehacientemente que sea ese el lugar.


                                                                    Brun amablemente compartió su teoría conmigo, y juntos fuimos a “descubrir” el lugar, convenciéndonos aún más ante la visión de una vieja tapera y construcciones aledañas, que ese es el lugar indicado. Las viejas paredes de piedra construidas “en seco”, la ubicación rodeada de protección natural que hacen difícil su acceso por varios frentes, una vieja “manguera” aterrada prácticamente invisible a simple vista, son algunos de los evidencias que se pueden considerar para evaluar la certeza del lugar. Acompañan estas líneas un par de fotografías ilustrativas del sitio que suponemos fue la estancia de Frutos Medina, y que debería ser considerado parte del patrimonio histórico departamental si es que –como pensamos- se confirma su veracidad.

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