Un par de años de tratamiento parlamentario de la ley modificaron los límites del pedido original
Al igual que en el enunciado de la conocida “Ley de la conservación de la
materia” de Antoine Lavoisier, que en su forma más conocida afirma que “Nada se
gana, nada se pierde, todo se transforma”, la evolución histórica de la
división geopolítica del país, sufrió una constante transformación desde el
inicio de la colonización hasta finales del siglo XIX, cuando con la creación
del departamento de Flores, se completan los 19 departamentos que hasta la
fecha constituyen nuestro división administrativa nacional.
Para llegar ello, se sufrió un largo proceso que podríamos valorar
comenzó junto a las distintas demarcaciones de límites de la época de la
conquista entre las posesiones españolas y lusitanas, que serían muy largas y
tediosas de detallar. Pero lo cierto es que al inicio del camino institucional
como república independiente, nuestro país contaba con tan solo diez
departamentos: solito Paysandú al norte del Río Negro, dos enormes al este:
Cerro Largo y Maldonado, tres más al centro: Durazno, San José y Canelones y
dos al oeste, Soriano y Colonia, que junto al capitalino Montevideo completaban
el mapa nacional.
Veinte años después, en 1856, nace Florida, partido de tierras maragatas.
Más de otros 20 años pasarán para una nueva división administrativa: en 1880 se
crean Río Negro, escindido de Paysandú, y Rocha, dividiendo terrenos con
Maldonado. Algunos pocos años después, en 1884, ocurre la creación de tres
departamentos más: al norte Artigas, con área suprimida a Salto y Rivera con
parte de las tierras de Tacuarembó, y al este Treinta y Tres, que toma
territorios de dos “donantes”, Minas y Cerro Largo. La cuenta, se completará al
año siguiente, con el fraccionamiento de San José para el nacimiento de Flores.
Un poco de historia
En efecto, el 20 de setiembre de 1884, el entonces presidente de la
República General Máximo Santos, tras haber culminado un par de días antes (el
18) un largo camino legislativo de casi dos años para la aprobación de la Ley N.º
1754, que se hace por medio de la Asamblea General, promulga la misma
estampando al pie su firma.
El camino fue largo y tuvo en su devenir muchas discusiones y
modificaciones a la aspiración primaria de los vecinos que propiciaron la idea
de crear el nuevo departamento.
Una extensa misiva con un pedido para la conformación de un nuevo
departamento que había sido enviada al presidente Santos por vecinos de la
Villa de Treinta y Tres, habría sido el puntapié inicial para la iniciativa
remitida al parlamento por el Poder Ejecutivo.
Ese pedido, redactado por una autodenominada “Comisión de Segregación”
que se había conformado a instancias de la entonces autoridad vecinal de la
Villa, la Comisión Auxiliar de la Junta Económico-Administrativa de Cerro
Largo, conteniendo -según asegura el doctor José Luciano Martínez en un
artículo publicado en 1953- más de dos mil firmas además de una extensa
argumentación destacando las ventajas de la creación de esta nueva división
administrativa.
Al respecto, el doctor Martínez (también general del Ejército), explica
en esa publicación mencionada que ya en épocas cuando Máximo Santos era
Ministro de Guerra durante la primera presidencia de Francisco A. Vidal
(1880-1882) éste habría recibido un telegrama solicitando “su valiosa
protección para (…) la creación de un departamento en esta jurisdicción tanto
más útil y necesario que los últimamente creados por su situación topográfica y
recursos…”, y explica además que Santos contestó que se ocuparía del tema.
En otro pasaje de su publicación, Martínez anota que ya siendo presidente
Santos, en marzo de 1883, en una visita que le realizó el escribano Lucas
Urrutia, le comunicó que había enviado al Parlamento el proyecto, noticia que
trasladó Urrutia a los habitantes de la zona siendo recibida en la villa y sus
alrededores con una explosión de alegría. En este párrafo debemos afirmar que
si bien Urrutia no figuró en ningún documento que hayamos accedido al respecto
de la creación del departamento, no hay dudas que fue él el verdadero impulsor
y el primer batallador de la idea del departamento propio. Lo reconocen -años
después en el cincuentenario del departamento- sus propios coterráneos incluso
algunos de los sobrevivientes de la época que en su momento eran “antiurrutistas”.
Efectivamente, el 21 de marzo de 1883 se presenta el proyecto en la
Cámara de Representantes, la que lo pasa a estudio de la Comisión de
Legislación, en el seno de la cual permaneció más de un año, ya que se
extendieron los debates ya no debido a la conveniencia o no de la creación del
nuevo departamento, sino en lo que tiene que ver con su extensión y límites.
Cuestión de límites: 14 meses de idas y venidas
La solicitud original de los lugareños, exponía “razones de origen
geográfico que impiden el desplazamiento de los vecinos de la “zona comprendida
entre los arroyos Cebollatí, Parado, Otazo y Cuchilla Grande”, para llevar a
cabo toda la actividad administrativa, policial y judicial que tomó incremento
a partir de la fundación del pueblo; asimismo, expone las ventajas económicas
que reportaría al país, y los recursos con que se contaba para el mantenimiento
de la administración departamental a crearse” , y proponía como límites del
nuevo departamento el área comprendida entre el río Cebollatí desde sus
nacientes hasta la desembocadura del “Arroyo Parao”, este último hasta sus
nacientes, a continuación la Cuchilla Grande hasta llegar a las nacientes del
Arroyo Tupambaé y por este último hasta su desembocadura en el Río Negro. La
propuesta bajaba el límite por el Rio Negro al sur hasta la barra con el
“Arroyo El Cordobés”, por éste hasta sus nacientes en la Cuchilla Grande, y
nuevamente por ella hasta encontrar la naciente del Cebollatí.
Finalmente en Comisión se llega al acuerdo de realizar un cambio de
límites corriendo el límite sur del nuevo departamento hasta el arroyo Corrales
y el Olimar Chico desde sus nacientes en el espacio territorial que se le
segregaría al departamento de Minas en favor de Treinta y Tres y en mayo de
1884 se informa a la cámara favorablemente, y se espera una rápida resolución
favorable al respecto.
Pero no fue así. En el marco de la discusión se desatan varios debates,
fundamentalmente y de nuevo, en lo que a cuestión de límites se trata, y en el
devenir de varias sesiones se argumentan posiciones de dos grupos antagónicos:
uno liderado por el diputado de Cerro Largo, Federico Demartini, y el otro por
el de Minas, Isaac de Tezanos.
La argumentación principal de Demartini establecía que con estos límites
proyectados, el departamento de Treinta y Tres quedaba como un departamento
mediterráneo, sin ninguna intervención en la vigilancia de las fronteras con el
Brasil, uno de los puntos importantes de la sucesión de divisiones políticas de
la época. Pero además Demartini argumentó sobre el hecho de asignar al nuevo
departamento la parte de Cerro Largo comprendida entre el Tupambaé, el Río
Negro y el Cordobés, señalando que “presentan muchos inconvenientes al
vecindario por sus largas distancias; pero también por estar en relación
directa a aquel comercio con el de Cerro Largo y por buena accesibilidad vial
del Río Negro a Treinta y Tres.
El propio diputado cerrolarguense, propone el cambio de límites
extendiendo al este la jurisdicción del nuevo departamento hasta la Laguna
Merin, o sea todo el terreno conocido como Rincón de Ramírez, el área
comprendida entre el Cebollatí desde el Parao hasta su barra en la Laguna, la
costa de ésta hasta la desembocadura del Tacuarí, ascendiendo aguas arriba por
éste hasta la Azotea de Ramírez, acercando una línea hasta el Parao y siguiendo
por éste hasta sus nacientes y desde allí seguir la cuchilla grande hasta la
naciente del Olimar Chico, o sea los límites actuales de nuestro departamento,
como finalmente fue aprobado, y se estipula en el artículo primero de la ley
donde se establecen los límites
departamentales:
AL NORTE el Arroyo
Parao desde sus nacientes hasta el límite exterior del llamado “rincón de
Ramírez”; desde dicho límite hasta el Río Tacuarí; este río aguas abajo hasta
su desembocadura en la Laguna Merín.
AL ESTE. La ribera de
la Laguna Merín desde la barra del Tacuarí hasta la barra del río Cebollatí, y
siguiendo el curso de este río aguas arriba hasta la barra del Arroyo Corrales.
AL SUR: el Arroyo
Corrales desde su barra con el río Cebollatí hasta sus nacientes, un rumbo
desde dichas nacientes hasta la barra del Arroyo Averías en el río Olimar
Chico, y desde dicha barra de Averías, siguiendo el mismo Olimar Chico hasta
sus nacientes en la Cuchilla Gran-de.
AL OESTE: la Cuchilla
Grande en toda su extensión desde las nacientes del Olimar Chico hasta las
nacientes del Arroyo Parao.
En el artículo segundo, se
establece una contribución especial de los pobladores del nuevo departamento
por el espacio de 3 años para solventar los gastos de instalación, y el tercero
establece la obligatoriedad del nuevo departamento de contar en las elecciones
con dos Representantes Nacionales y sus respectivos suplentes.
Tierras que forman el departamento
Es normal, a partir de los límites establecidos por la mencionad ley, no
cuantificar cuales fueron las resignaciones de territorio que debieron realizar
por orden superior los departamentos de Minas y Cerro Largo para la
conformación de Treinta y Tres.
Más allá de caseríos informales, más o menos aglomerados, generalmente
situados en torno a escuelas, puestos policiales o algunas grandes
concentraciones de trabajo zafrales, el territorio adjudicado al nuevo departamento
no tenía más centro poblado que la villa de Treinta y Tres.
De las 953 mil hectáreas que conforman nuestro departamento, más de las
dos terceras partes, fueron desmembradas de Cerro Largo, unas 680 mil
hectáreas, que comprenden el área limitada por el Olimar y Cebollatí al
suroeste y sur, la Laguna Merín al Este hasta la desembocadura del Tacuarí, por
éste aguas arriba hasta la punta del Rincón de Ramírez desde donde continúa al
arroyo Parao siendo el límite hasta sus nacientes, y desde allí hasta las
nacientes del Olimar, la demarcación recorre la cima de la Cuchilla Grande. En
ese territorio, estaban comprendidas, por ejemplo, una media docena de escuelas
rurales, y al menos cuatro puestos policiales, sin contar los de la zona
urbana.
De las
casi 275 mil hectáreas segregadas del departamento de Minas, acotadas entre los
ríos Olimar Grande, Cebollatí, arroyo Corrales, Olimar Chico y desde sus
nacientes hasta las del Olimar Grande recorriendo la Cuchilla homónima, no hay
registros que se hayan heredado ni escuelas ni comisarías. Si en los hechos,
por la cercanía con la nueva capital que ya estaba establecida como villa desde
unos treinta años antes, los pobladores de esa vasta zona ya tenían contacto
comercial asiduo, y muchos de ellos o sus familias radicaban en la urbe de la
confluencia del Olimar y el Yerbal.
Cabe destacar, además, como dato anecdótico las modificaciones de límites
durante la larga discusión parlamentaria “achicaron” el área original
solicitada para el departamento de Treinta y Tres en algo menos de la cuarta
parte, más de 250 mil hectáreas que, en lenguaje coloquial, nos “sacaron del
buche”.









