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martes, 19 de mayo de 2026

1904 ... revolución

122 años del combate de Paso de los Carros de Olimar Grande

  

El próximo 20 de mayo, se cumplirán 122 años de la fecha de la denominada Batalla de los Olimares – ocurrida en el marco de la Revolución Saravista de 1904-, y que culminara con el Combate del Paso de los Carros, donde el ejército oficialista alcanza a las tropas de Aparicio Saravia, quien venía realizando una de sus clásicas maniobras evasivas. Ese día, el 20 de mayo, desde que la espesa niebla otoñal lo permite, se inicia una intensa jornada de tiroteos, enfrentamientos cuerpo a cuerpo y persecuciones.

No soy especialista en el tema, ni siquiera me corresponde tampoco analizar estrategias, ni decisiones y mucho menos juzgar con ojos del presente las acciones de los bravos combatientes de ambas facciones. Como todos los episodios, existen “dos campanas a escuchar” según de qué lado de los contrincantes provenga el relato, y es por esa razón que hoy traemos a estas páginas las dos versiones resumidas de actores y testigos presenciales de ambos bandos.

En mi opinión, se trata uno de los pocos casos de la historia donde ambos bandos de una batalla pueden desde su propio punto de vista considerarse vencedores. En el caso del bando oficialista, la ventaja de poder bélico y logístico dio su fruto con un enfrentamiento que logró conquistar posiciones y abatir un mayor número de enemigos, viéndose al final de la jornada dueños del campo de batalla.

Desde filas revolucionarias, sin embargo y a pesar de la alta cantidad de bajas, se logró el propósito de defender en retaguardia al grueso del ejército y ganar tiempo para su marcha hacia los pagos de Cerro Largo. Una vez rota la defensa del Paso, los comandados por Basilio Muñoz siguen evitando la persecución de las demás divisiones de Saravia, retirándose por otro camino distinto (al oeste) al que había tomado el ejército blanco que siguió al norte, con quienes después se reunirían.

 


Una Comisión  conformada por particulares y por integrantes del Centro de Estudios Histórico Culturales de Treinta y Tres (CEHC-33), de la Sociedad de Amigos de la Tradición Uruguaya (SATU) y de alguna otra agrupación como Amigos del Patrimonio Histórico, abocados a conmemorar este episodio y darle la visualización que merece, lograron el pasado año erigir un monolito que permite la identificación del epicentro de la batalla y la señalización correspondiente para de esa manera colocar el sitio en el lugar histórico que se merece.

La idea, tuvo por objeto también no solo contribuir a la trascendencia histórica de este episodio poco divulgado de la guerra civil que para nuestra localidad en especial fue muy significativo, no solamente porque las dos divisiones de ambos ejércitos conformadas con ciudadanos treintaitresinos participaron en la misma y ambas tuvieron bajas dolorosas, sino además porque el fragor de la batalla hacía que en la ciudad se escucharan con relativa claridad los estampidos de los cañonazos, con los nervios consiguientes de los pobladores.

 

La versión contada por un integrante del ejército nacional

 

Una de las versiones oficialistas más completas, sin dudas, es la desarrolla Enrique Rodríguez Herrero en su “Versión histórica documentada de la Campaña Militar de 1904” (Montevideo,1934) que transcribe la narración del general Enrique Patiño, aduciendo que considera que es “la fiel expresión de como ocurrieron los hechos con respecto a las tropas legales”, en un largo relato que intentaremos resumir a continuación.

 Patiño, comienza informando que el día 19 tras una marcha de 35 kilómetros, las fuerzas comandadas por el general Justino Muniz acamparon entre Olimar Chico y el arroyo Tigre. Ese día al oscurecer las avanzadas descubrieron al ejército revolucionario marchando hacia al Paso de los Carros del Río Olimar; ambos ejércitos pernoctaron separados por unos 15 kilómetros, después de haber ocupado los revolucionarios con un fuerte destacamento el Paso de Palo a Pique.

Continúa detallando las acciones tomadas por el ejército del Sur: se ordena ensillar a las 3 de la mañana, “pero una densa neblina malogró la intención de atacar al amanecer el Paso de Palo a Pique”, lo que no se pudo realizar sino hasta la media mañana: “Recién a las 10 se disipó la neblina y el ejército empezó a marchar ya preparado para el combate.

A las 12 y 45 se intentó forzar el pasaje, siendo sus esfuerzos vigorosamente contestados por los revolucionarios apostados sobre la margen derecha; después de un breve combate la infantería atacó vadeando el paso a pie y con el agua por la cintura, “El enemigo se puso en retirada sin defender una posición naturalmente fuerte y cuyo forzamiento, en caso de obstinada defensa lo hubiera conseguido indudablemente la infantería pero a costa de valiosas pérdidas”.

El abandono de posiciones y el repliegue de la retaguardia mostraron la intención del adversario de concentrar sus fuerzas en el paso de los Carros del Olimar Grande, detener allí la marcha del ejército legal y burlar la acción.

 


COMBATE PASO DE LOS CARROS

 

Los adversarios son perseguidos por la división 33 del coronel Basilicio Saravia hasta el propio paso frente al cual apostó sus fuerzas,

Los enemigos posesionados de la margen izquierda del Olimar comenzaron a batir el paso con fuegos de frente y oblicuos, llevando sobre las tropas legales la ventaja de la posición: alta y cubierta y en excepcionales condiciones de defensa, habiendo desplegado desde el primer momento a lo largo del monte.

“A las 14 y 30 de la tarde la acción se generalizó siendo el fuego tan nutrido y vigoroso que era imposible oír el sonido de un clarín a cinco pasos de distancia,

El enemigo reforzaba constantemente sus líneas de tiradores posesionados de las barrancas y el monte y de varias casas situadas en alturas dominantes, trayendo sin cesar nuevos refuerzos para mantener la solidez del frente amenazado por el certero fuego de las fuerzas legales.

A las 3 y 30 la artillería emplazada sobre la cuchilla más próxima al paso comenzó a desarrollar su acción enérgica, tirado por encima del monte sobre las reservas enemigas que se presentaban en orden cerrado y a las que pronto dispersó, sacándolas de la zona de donde podían proteger eficazmente sus líneas respectivas. La intensidad siempre creciente del fuego hecho a través del monte, prolongaba peligrosamente el período de desarrollo”.

Entonces se decide forzar el pasaje llevando tropas al asalto al Paso, cubriendo siempre de proyectiles el frente, y así comenzó la acción decisiva en el Paso a las 16 horas.

Los infantes vadearon a nado bajo el fuego del adversario, y tras ellos la tropa del 2º de caballería y otros. La línea de batalla se forma sobre la margen izquierda del Olimar; los insurrectos intentaron llevar una carga parcial a lanza, pero el peligro fue rechazado con pérdidas para el enemigo.

“Fracasado el intento, los insurrectos tendieron una extensa línea de batalla que, apoyando la derecha en la margen del río Olimar llegaban hasta los contrafuertes de la sierra de igual nombre en un frente de 2 y 1/2 a 3 kilómetros, pero combatieron en retirada, ya a caballo ante el avance impetuoso de nuestras tropas victoriosas”, escribe Patiño.

“La acción estaba terminada, sólo faltaba la persecución”. La línea se reorganizó y “la persecución hecha en terreno descubierto y propicio para la terrible puntería de nuestros infantes fue encarnizada y sangrienta. Un bañado de difícil paso obstaculizó la rápida marcha de los tiradores insurrectos que allí pagaron un: fuerte tributo de sangre. La infantería tirando a una distancia que varió de 200 a 400 metros, les hizo multitud de bajas, dispersándoles y. a no haber oscurecido, la retirada angustiosa de los revolucionarios se hubiera tornado en el desastre final.

A las 18.15 ya cerrada la noche el Cnel. Pablo Galarza dio por concluida la jornada y replegó su vanguardia acampando sobre el Olimar Grande.

  

La versión de un revolucionario blanco: Carlos Roxlo

 

En su relato que forma parte del libro “El Uruguay en 1904. La guerra civil” (Buenos Aires 1904) Carlos Roxlo al respecto comienzo apuntando sobre el día 19: “Al anochecer se vieron, en la costa del Olimar Chico, los fogones de Basilio Muñoz. Eran las siete y media cuando nos tendimos, sin carpas ni fuego, para dormir un poco. Se ejerció una vigilancia especial sobre los caballos. Las guardias se colocaron lejos, pero escalonadas y apoyándose las unas en las otras. Marín no descansó. A la hora 7 marchamos lentamente en busca del Olimar, al medio día, atravesábamos el paso de los Carros, quedando en el Olimar Chico, la división del Durazno y la división de la Florida. Allí y poco después, empezó el combate.

 El enemigo, después de una ligera escaramuza, suspendió sus fuegos. Entonces, el general ordenó que se retiraran todos nuestros tiradores, menos los acantonados en la azotea, con los que bastaba para contener cualquier tentativa de avance. El ayudante no dio bien la orden o la interpretaron mal los que la recibieron, porque todas nuestras guerrillas se retiraron y el enemigo avanzó sin estorbos, cayendo casi conjuntamente con los nuestros en el paso de los Carros.

El grueso del ejército revolucionario se hallaba a cinco leguas y la división de Guillermo García en la capital de Treinta y Tres. Todas las fuerzas de que el general disponía en aquellos momentos eran 600 tiradores de Basilio; 400 de Antonio María Fernández, 60 de Marín y como unos 25 de Martirena. (…)

El paso de los Carros empieza por una picada angosta, bordeada por un monte espesísimo. Sigue a la picada, un trozo de río, ancho, profundo y dividido en dos por una línea de árboles, A la izquierda de esa línea, los caballos nadan, y a la derecha, el agua casi moja los cojinillos. Se sale a una esplanada de arena fina y crujiente, de algunos metros, con fondo de árboles y que concluye en una barranca fangosa y medio vertical. Sobre esta barranca, ya en campo llano, se colocó la división floridense, que sufría por su gran escasez de municiones, estacionándose en la esplanada arenosa, los valientes fusileros de Basilio Muñoz. El fuego pronto se hizo terrible. El cañón arrasaba la arboleda del fondo del cuadro y una ametralladora llovía balas sobre el arenal. Las guerrillas del gobierno estaban defendidas por lo espeso del monte de la picada. Su fuego era seguro y mortífero. Dos cañones, dirigidos sobre la esplanada, resonaban incesantemente. El enemigo embestía cada vez con más furia. Entonces se le dejó pasar, atrayéndole a campo abierto. Se precipitó lo mismo que un goloso a una caja de dulces; pero los dulces eran de plomo y le supieron mal. Apenas coronó la altura de la barranca, los nuestros tomaron un ruidoso desquite, precipitándolo de nuevo en el agua del paso. Para algunos, aquella fue una zambullida mortal. Sintiéndose cada vez más numerosos, volvieron a la altura, que regaron con sangre, extendiéndose hacia el lado del este, en una infructuosa tentativa de flanqueo. Cada vez que nuestras guerrillas montaban a caballo, las suyas avanzaban entre alaridos y con frenesí, para retroceder tumultuosamente, cada vez que nuestras guerrillas se detenían y echaban pie a tierra. La munición escaseaba mucho. El parque, como ya hemos dicho, estaba a cinco leguas. A las dos y media se había abandonado el paso. A las cuatro, aún se batían tranquilamente, a pesar de ser cada vez mayor el número de las fuerzas gubernistas, las divisiones del Durazno y de la Florida, secundadas por los tiradores de Martirena, ¡Y muchos de los nuestros tenían quince tiros al empezar la acción! A las cuatro y media salieron, a las. órdenes de Garat y de Cardoso, los tiradores de San José, tendiéndose en guerrilla, con los caballos á retaguardia, como á cuatrocientos metros del enemigo y entre un chircal. Se rompió el fuego con entusiasmo. A las cinco, se desplegó un pequeño pelotón de lanceros en una altura. Es lo bastante. A las 5 y 20 ya no se pelea. Las fuerzas gubernistas han retrocedido nuevamente hasta la misma garganta del paso, y nosotros marchamos hacia el grueso de nuestro ejército, acampando, aun distantes de él y cerca del arroyo del Yerbal, a las ocho de la noche de aquel fatigosísimo 20 de mayo.

(…)

Finaliza este comentario Roxlo afirmando que “El gobierno presentó el combate de los Carros como una gran victoria. Mil doscientos tiradores apenas, mil doscientos voluntarios, escasísimos de munición, habían jugado, durante toda una tarde, con sus cañones y sus cuerpos de línea. Parece mentira que se burlase, con tanto desprecio, de la pública credulidad, y que apelase a esos expedientes para entretener las públicas impaciencias. Se le abandonó el paso de los Carros por evitar sangre y porque para nada lo queríamos ya, puesto que había pasado, desde el día antes, todo nuestro ejército, —y se paralizó, por el espacio de un larguísimo mes, la actividad de los gubernistas, con un combate sostenido por mucho menos de la duodécima parte de nuestras fuerzas. -Y ni siquiera quedaron dueños del campo de batalla. Durmieron en montón, sobre el paso y junto al Olimar. ¡Nosotros, en cambio, ocupábamos todas las sierras cercanas a Treinta y Tres!”

 Los planos fueron tomados de la publicación de Enrique Rodríguez Herrero "Versión histórica documentada de la Campaña de 1904".-

lunes, 17 de febrero de 2025

Fructuoso Del Puerto

 

Un nombre, dos hombres de prestigio e influencia regional

 

                                Nuestras tierras treintaitresinas han sido, sin dudas, aun desde antes de ser un departamento constituido, hogar de una estirpe de hombres destacados que el tiempo se ha ocupado de relegar al pasado, y a lo sumo la memoria de la historia les recuerda con el nombre de alguna calle, nombre que la mayor parte de las veces ni siquiera quienes transitan por esa vía de tránsito asiduamente, tenemos cabal conocimiento de quién fue esa persona y que méritos generó en vida.

                                El hecho de realizar una nominación de este tipo sin dudas contiene además del

Fructuoso del Puerto Silveira

homenaje en si, el propósito de inmortalizar una persona, y no merece ese olvido ni ese desconocimiento. Esta es una de las razones que me impulsó a realizar algunas investigaciones respecto a personas del nomenclátor capitalino, hijos de estos suelos o de destacada participación en hechos del viejo Treinta y Tres.

                                Uno de esos casos, posiblemente el más emblemático, es el de quien le da nombre al bulevar de ingreso a nuestra ciudad cuando atravesamos el Olimar por el “puente nuevo”, Fructuoso del Puerto, que sin dudas se refiere al caudillo nacionalista fallecido en 1914, pero que también recuerda a su padre, del mismo nombre, de trágico final en circunstancias aún no esclarecidas.

                                Fructuoso del Puerto Silveira, el padre, fue asesinado mientras ocupaba el cargo de Alcalde Ordinario de nuestra ciudad, en el año 1873, en un episodio confuso, cuando en medio de un clima político departamental muy tirante entre dos bandos, uno de los cuales tenía precisamente a Del Puerto como uno de sus cabecillas, y el otro a Lucas Urrutia y al cura Ramón Rodríguez, se produce un tiroteo en pleno centro treintaitresino, con el saldo de varias personas heridas y el mencionado Del Puerto, muerto.

                                El incidente según escribe Luciano Obaldía Goyeneche en su libro “El Solar Olimareño” (Montevideo, 1970, Imp. Don Bosco), basado en un testimonio escrito del testigo presencial del hecho don Faustino Hoz Rigada, da comienzo cuando Elías Uriarte, amigo del Del Puerto y contrario de Urrutia, pide permiso al Comisario Domingo Ferreira para realizar una manifestación por las calles de la Villa, permiso que se niega por el mencionado jerarca policial, que sospechaba que ese acto podría acarrear consecuencias no deseadas. La situación entre los dos bandos políticos era muy tensa. Recientemente había asumido una nueva Comisión Auxiliar encabezada por Del Puerto que sustituyó a la anterior, que presidió Ramón Rodriguez y de la que fue secretario Lucas Urritia, y Del Puerto y sus compañeros de gobierno, Dionisio Vaco, Anselmo Basaldúa y el mencionado Uriarte, inciaron su período pidiendo las cuentas y los archivos a la comisión anterior, con lo cual se había alejado aún más las posiciones entre los grupos.

                                En definitiva, a pesar de la negativa policial, la manifestación se realizó, reuniéndose según la crónica unas 300 personas encabezadas por Del Puerto y Uriarte, que recorrieron algunas calles céntricas, hasta llegar frente a la plaza frente a la comisaría, el Comisario que esperaba con sus policías “en el cordón de la vereda, armados con fusil y de bayoneta calada”, increpó a los manifestantes acusándoles de desacato, y mientras se realizaba la discusión a gritos, uno de los guardiaciviles con la punta de su bayoneta levantaba los ponchos de los paisanos, ante lo cual Brígido Lago, indignado, le tiró un tiro de revólver sin dar en el blanco. Fue, según cuenta Hoz, el detonante para un intenso tiroteo que terminó con las consecuencias antes mencionadas.

                                    Nunca se supo, ni se sabrá, quién disparó el arma que mató a Del Puerto. El relato se ha contado por años, con distintos posibles culpables del tiro en la nuca que le quitó la vida. Algunos afirmaban que la policía tenía orden de matar a Del Puerto, otros hablaron de algún enemigo político infiltrado en la manifestación, y hubo también quienes afirmaban que había sido un tiro infeliz disparado por algún amigo, una trágica confusión en el fragor de la lucha desatada, e incluso hubo quien acusó al propio cura Rodríguez de haberse asomado a la parroquia y realizar el disparo mortal con su rifle. Años más tarde, cuando se realizó la reducción de los restos de Del Puerto para ser trasladados desde el cementerio de La Soledad próximo a desmantelarse, se comprobó que el proyectil que le causó la muerte, a juzgar por el calibre, podría haber pertenecido a ese conocido rifle, aunque no es muy creíble que haya sido Rodríguez.

En tiempos modernos nunca se pudo localizar el lugar de descanso en el cementerio nuevo, a donde suponíamos había sido trasladado. Pistas recientes, entre ellas un documento donde consta la compra y tenencia de un sitio y sepulcro por parte de su viuda, doña Faustina Pimienta en el llamado "Cementerio de los Téliz", próximo a sus posesiones rurales y situado actualmente en la décima sección de Lavalleja, permiten pensar que el traslado de la urna con sus restos haya sido realizado hasta ese panteón que su esposa había adquirido, hecho que no se ha podido comprobar por falta de documentos que lo certifiquen, y por es estado totalmente deteriorado en que se encuentra el sitio de referencia.

 

Fructuoso del Puerto Pimienta

Fructuoso del Puerto Pimienta

                                 Apenas poco más de un año contaba el hijo homónimo del occiso Del Puerto Silveira y de doña Faustina Pimienta Molina cuando quedó huérfano, siendo el tercer hijo del matrimonio.

                                Según narraciones de la época, Fructuoso se crió en el establecimiento rural familiar, bajo el ojo atento y severo de doña Faustina, donde aprendió desde niño las tareas agropecuarias con los trabajadores del establecimiento. Cuando contó con edad suficiente, concurrió en nuestra ciudad a la escuela de Jaime Pedrerol Vall, completando los seis años escolares y volviendo a su hogar en campaña. Según una de sus biógrafos, su familiar Viterba Del Puerto, al oponerse su madre a permitirle continuar sus estudios en Montevideo, se dedica a las faenas rurales y muy jovencito se hace cargo del enorme establecimiento rural ubicado en la costa del arroyo Corrales, entonces departamento de Minas.

                                Es en esa etapa, sin dudas, que se forja su férreo carácter, se tiempla su voluntad, y comienzan a vislumbrarse sus dotes de caudillo, acostumbrándose a dirigir hombres en el trabajo, y nutriendo su intelecto y su opinión con influencias como la de su abuelo Basilio Pimienta o la de su pariente Constancio C. Vigil, y la memoria de honestidad y rectitud moral de su padre.

                                Apenas con 19 años de edad, se enrola en las filas nacionalistas comandadas por el Coronel Agustin Urtubey, ante el rumor de revolución que corría en la primavera de 1891, que secretamente venía liderando, entre otros Duvimioso Terra. En los días previos a la fecha fijada, su proximidad al entorno de Urtubey le permite demostrar su valentía y viveza criolla. La revolución del 11 de octubre de 1891 muere prácticamente antes de nacer, cuando las fuerzas del gobierno en una maniobra coordinada desactivan el peligro apresando a sus cabecillas y organizadores. A raíz de este hecho, se ordena la detención del Coronel Urtubey y la del delegado de la Junta de Guerra que estaba de visita en la estancia del jefe blanco, Antonio Gotuzzo, quien era la verdadera presa deseada por el ejército gubernista. En un despliegue de coraje y baquía, Del Puerto logra “sacar” al perseguido del pueblo a pesar de la vigiancia a que estaba sometido, y llevarlo por caminos poco transitados hasta Nico Pérez, donde Gotuzzo pudo tomar el tren de incógnito a Montevideo, para luego exiliarse a salvo en Buenos Aires. Este hecho, sin dudas, marca el inicio del prestigio de Del Puerto, y el comienzo de su carrera política y de armas al servicio del Partido Nacional.

                                Un año más tarde, a sus 20 años, se cuenta entre los fundadores del periódico “La Verdad”, junto a Javier de Viana y con el patrocinio de Urtubey, defendiendo las ideas nacionalistas y enfrentando a Joaquín Suarez, entonces Jefe Político de Treinta y Tres.

                                Algunos años más tarde, en la revolución del 96, nuevamente se suma a las fuerzas
del veterano Urtubey que se habían reunido en Yaguarón para invadir en la fecha anunciada, aunque ni siquiera llegan a marchar cuando la asonada se acalla. La del 97, contando tan solo con 25 años, lo encuentra integrando las fuerzas treintaitresinas del Coronel Francisco Saravia, hermano de Aparicio, quien a su vez estaba a las órdenes del jefe arachán Alejandro Borche, comandante de la División Cerro Largo. Luego del inicio de las hostilidades, y habiéndose incorporado al ejército revolucionario la División Treinta y Tres al mando primero de Urtubey y luego del coronel Bernardo Berro, Del Puerto pide pase a la misma, y ya figurando como teniente es herido en la pierna derecha en la batalla de Cerros Blancos.

                                Finalizada la revolución del 97 con el Pacto de la Cruz en setiembre, vuelve a la paz de su estancia con el grado de comandante, donde lo aclaman y se destaca como persona leal, ecuánime, y justiciero.  Cuenta la tradición que en su casa nunca miró credos políticos, recibiendo y tratando por igual a unos y otros, afirmando aún más su fama de bondad y rectitud.

                                Al tiempo que en épocas de paz continúa ascendiendo su personalidad en la consideración popular, el prestigio como conductor de hombres y dirigente político de valía también persiste en ascenso. Fue presidente de la Junta Económico Administrativa (JEA) en la que actuó junto a los doctores Furriol, Oliveres, Braulio Tanco, Luciano Macedo y Fermín Hontou, entre otros, donde conforma una comisión popular con el proyecto de construir un puente sobre el Olimar, que culminaría años más tarde con la inauguración del puente sumergible.

                                Y llega la revolución de 1904, donde es convocado por su antiguo Jefe Francisco “Pancho” Saravia para ungir como segundo jefe de la División Cerro Largo, puesto que ocupó siendo depositario de la total confianza de su jefe, reemplazándole a satisfacción en varias etapas importantes, reafirmando de esa manera su prestigio de caudillo. Saravia es herido en Illescas, y la división queda a cargo de Del Puerto, quien enfrenta con éxito a la vanguardia de Muniz en el Paso del Conventos, en Melo y lleva a buen término otras acciones menos relevantes.

                                 El mismo día que fue herido mortalmente el General Aparicio Saravia, en el mismo campo de batalle es herido nuevamente Fructuoso del Puerto, ve morir varios de sus jefes y compañeros más apreciados, como Yarza, Antonio Mena o Guillermo García, también de la División 33, y es trasladado a curarse a tierras brasileñas.

                                Vuelto a la paz, en 1905, triunfa nuevamente en las luchas cívicas resultando electo otra vez para la JEA, propugnando siempre por el progreso y futuro de la localidad, hasta que nuevamente en 1910 el partido lo llama a revolución, esta vez como Jefe de la División N° 10, tras la muerte de “Pancho” Saravia. A su convocatoria, junta unos 600 hombres, con quienes concurre a reunirse con el grueso del ejercito comandado por Basilio Muñoz y Nepomuceno Saravia. Tras algunas escaramuzas, y ya con las tratativas de paz en marcha, le toca defenderse del ataque gubernista en el Cerro Copetón, en Rivera, que consistirá en la última batalla de esa fracasada revolución.

Testimoniando su importancia política, en 1925 la lista 3 del Partido Nacional se presentaba con las fotos de 5 importantes caudillos blancos desaparecidos: Agustón Urtubey, Bernardo G. Berro, Aparicio y Francisco (Pancho) Saravia y Fructuoso del Puerto. 

                                Otra vez en tiempos de paz, vuelto a su estancia y a su actividad política. estando en la cúspide de su prestigio ya a nivel nacional, enferma y muere en Montevideo a la edad de 42 años, en 1914, ante la consternación de todo el nacionalismo que reconoce esa pérdida como “uno de los mejores servidores”, calificándole como “apóstol de la verdad, de las nobles acciones e integridad”.

                                    Treinta y tres fue su cuna, a la que amó, mezclando los afectos del terruño y de la patria con el amor de la familia  y del hogar. Al decir de su amigo Javier De Viana, en su discurso de despedida en el cementerio: “ciudadano de puras virtudes, enseña inmaculada del nacionalismo.”

 

 

viernes, 17 de marzo de 2017

Traición y heroísmo entre Yaguarón y Río Branco

Sucesos de la Revolución del 97 en la frontera 

HECHOS EN LA VILLA DE ARTIGAS, NARRADOS POR EL PATRIOTA DN. ISMAEL VELAZQUEZ.


1.
En octubre de 1896, vino el comandante Antonio Mena, al Departamento de Cerro largo, a invitar a los correligionarios para el movimiento que debía producirse desde Buenos Aires. Con ese motivo fui a Melo, á indicación de Navarrete y para evitar que la venida de Mena á Artigas llamase la atención de las autoridades.

Revolucionarios del 97

En Melo tuve una conferencia con el Sr. Mena y en ella nos manifestó que venía mandado por la Junta de Guerra que allí se había organizado y había resuelto producir el movimiento: que esa Junta prescindía del Directorio, porque, éste no creía aún oportuno dicho movimiento: que. venía por tanto a ver si los correligionarios estábamos dispuestos, si teníamos elementos, etc. Le contesté, que yo y mis amigos, no entrábamos en nada que no revistiera seriedad y fuera ordenado por los hombres principales del partido y que me extrañaba no figuraran muchos de esos hombres, ni el Directorio, que nada por ellos sabíamos y que no teníamos elementos ningunos, ni a nadie habíamos visto; pero que trataríamos de ponernos al habla con el Directorio y otros amigos.
En seguida se le escribió de Melo al Directorio y yo en seguida de regresar a ésta, telegrafié hasta por tercera vez, -por el Brasil- al Dr. Terra sin obtener contestación.
También, nos dijo, el Sr. Mena, que iba a entenderse con el general Saravia, pues no lo daba aún como resuelto a la empresa, y que nos avisaría.
Nada más sé nos comunicó, hasta el 20 de noviembre en que vino el Sr. Dalmiro Coronel a decirnos que el movimiento sería el 24, sin dar explicaciones ni adelantar nada. Vino el 22 el telegrama circular del Directorio y como era consiguiente, por él y lo irregular del procedimiento con que se había procedido, nos abstuvimos. N o sé si haber procedido así, fue causa de que nada se nos comunicase respecto al segundo movimiento que se preparaba.
En el deseo, por mi parte, de conocer lo que hubiera, para prestar mi concurso y el de mis amigos si así lo creían, pedí a D. Pedro Nones fuese á Bagé y se informara del mismo general Saravia; fue entonces cuando supimos que efectivamente se trataba de invadir.
Entonces pensé ir personalmente a Bagé a entenderme con el General; pero exigiéndoseme de Montevideo que debía con urgencia bajar allí para una comisión que creía el presidente del Directorio y otros amigos que yo podría desempeñar, resolví ir yo a Montevideo y que fuese el comandante Borche á Bagé, como efectivamente se hizo, saliendo Borche el 31 de Enero para Bagé y yo el 3 de Febrero para Montevideo, donde llegué el 5, día precisamente en que parece había quedado organizado en Buenos Aires el Comité, según comunicación del Dr. D. Juan José de Herrera al Dr. Berinduague.
Era mi propósito ir a Buenos Aires, pero se nos exigió a mí y otro amigo regresar inmediatamente al Departamento, á objeto de llenar la misión para que se nos había llamado, lo que no dio resultado.
En mi estadía en Montevideo, tuve una conferencia con el coronel Saura á objeto de que él viniera a Yaguarón para organizar los elementos que allí debíamos reunir, pues de eso habíamos hablado ya antes con el Dr. Terra, cuando se trató de otro movimiento el 95. El coronel Saura me manifestó que le habían ya indicado otro puesto, pero que, si le ordenaban, vendría; pero otros amigos entendieron que era preciso ahí. Yo lo había indicado desde antes al coronel Saura, porqué veía la falta de un jefe superior para nuestros elementos aquí y porque sabía que sería bien aceptado.
A mi regreso a ésta, tratamos con Borche y Navarrete de ir organizando y proporcionándonos los elementos precisos. Estaba de comisario aquí, el mayor Angel Muniz, quién desde el primer momento se manifestó resueltamente dispuesto a la revolución; pero a mediados de febrero, el general Muniz le ordenó que entregara la Comisaría al coronel Estomba y se incorporara a la División, mandando al coronel Aguiar para que diera posesión a Estomba. El mayor Muniz desacató la orden y pasó esa noche para el Brasil Con veinte hombres armados, incidente que no me fue posible evitar y de ello resultó que tuve también que emigrar ese día y nos desconcertó, como era consiguiente nuestros trabajos aquí.  En esos días, el general Saravia mandó a los comandantes Noblía y Tomás Borche á objeto de indicar que los elementos de aquí, debían subir a San Luis, por el Brasil, para pasar allí; pero se observó que había inconvenientes, porque existía gente que había que hacerla emigrar primero para seguir después por la frontera. Además, que la gente que debía invadir aquí tenía que incorporarla a la que estaba en estas inmediaciones y seguir a reunirse a los coroneles Berro y Jara en el Departamento de 33.
El 3 de marzo, se recibió orden de estar prontos y el 4 de invadir.  En la noche del 4, mismo, se hizo pasar al mayor Muniz con 30 hombres, emboscándose en el monte de Yaguarón, dónde fue descubierto de mañana por las fuerzas del coronel Estomba, la que fue batida por el mayor Muniz, tomado herido al oficial, algunos prisioneros, caballos, etc. El coronel Estomba, creyendo que ya estaban todos los revolucionarios en el país se retiró· precipitadamente hacia Tacuarí. El mismo día 5, pasó el resto de la gente con el comandante Borche, Navarrete y Saavedra, con 300 hombres. En vista de haber sido abandonado Artigas se resolvió entrar el 6, no con el propósito de dejar guarnición pues, la división debía seguir inmediatamente a buscar la incorporación de otras partidas e ir al encuentro del general Saravia pues el coronel Berro ya se sabía que estaba en 33.
Cómo se supo que Estomba había seguido precipitadamente retirándose, se acordó formar una ligera guarnición con la gente que había quedado en Yaguarón por falta de recados y armas.
Marchó pues la división y se hizo pasar el 8; algunos de Yaguarón se consiguieron 3 armas, y ese fue el plantel que estuvo así algunos días, hasta que se fueron consiguiendo más armas en vista de que los del gobierno que había en Yaguarón no intentaban nada.
Se nombró recaudador de Rentas a Don Rodolfo Paseyro y se fue aumentando la guarnición así que se obtenían armas, lo que era difícil, puesto que no las había en Yaguarón, porque se habían comprado todas para la división.



2.
Días, después, se presentó el coronel F. Jara con 20 y tantos hombres a quienes se les proporcionó algunos recursos; como se suponía la División ya incorporada por el Rio Negro, acordamos que él, reuniese algunas partidas que estaban por Yerbales y Parado, resolviendo seguir Jara al Rincón de Ramírez para reunirlas, pero; en esa circunstancia, recibió aviso de Borche que había retrocedido e hicieron conjunción por Arroyo Malo. Las causas que se dieron para no incorporarse al general Saravia era la de haberse éste internado y falta de caballadas, conservándose éste por Centurión, Melo y otros puntos. En esas circunstancias, hubo la pelea de Arbolito y enseguida de ella, el 20, vino aquí, el mayor Derquin, como con cien hombres perfectamente armados, manifestándonos que venía con el propósito de quedar de guarnición y disgustado por todo lo ocurrido. Al darme cuenta por él y todos los oficiales que lo acompañaban, de cómo se había separado del Ejército el día de la pelea, le hice ver lo imposible que era su estadía aquí, pues el general Saravia, debía conceptuarlo desertor: además se hizo público que él se había dirigido al Gobierno desde Yaguarón.
Le aconsejé que se dirigiera al general Aparicio o coronel Lamas, que yo también lo haría para explicar su conducta, en lo que insistí, pidiéndole en vista de su no conformidad que se retirase de la Guarnición hasta tanto yo daba cuenta, como lo hice por telegrama al Comité, de donde vino un telegrama para él, pidiéndole se incorporase, ese telegrama me dijo el Dr. Terra se lo había enviado. Nada dio resultado, pues, se conservó por la frontera y pasó después para el Brasil entregando su gente al comandante Alonso según se dijo.
Entre tanto, se había organizado aquí, una guarnición de 50 a 60 hombres de infantería con armamento variado, pero bueno, Comblein, Remington, Maulincher; también se había organizado un escuadrón de caballería al mando del hacendado capitán J. Perdomo y tres piquetes más a órdenes de Rolin, Alonso y Lorenzo, era todo como 160 hombres, con lo que se debía guarnecer la frontera una vez que desapareciese la amenaza de las fuerzas del general Muniz, que estaba cerca de Melo y las que habían en 33, que entraban hasta el Rincón de Ramírez.

3.
Vino enseguida la persecución del general Saravia al general Muniz y la vuelta para Melo del Dr. Terra y coronel Núñez.  El Dr. Terra antes de llegar a Melo mandó aquí al Sr. A. Paseyro con una escolta a hacerme saber su carácter de Delegado del Comité, cuyo nombramiento e instrucciones me enseño el Sr. Paseyro y para que yo bajase á Melo, lo que no efectué por mi mal estado de salud y otros inconvenientes como manifesté a mi amigo Paseyro con intención de ir después.
Yo había resuelto ir a Rio Grande y hasta 'Porto Alegre si era preciso, pues tenía orden del Comité de obtener toda la munición posible. 'En esto estaba, cuando supe que el Dr. Terra y Núñez se retiraban de Melo en dirección a ésta, por la aproximación de Arribio.
Esa noticia me contrarió tanto que enseguida hice chasque al Dr. Terra haciéndole ver lo inconveniente de la marcha hacia Artigas, por ser éste, un rincón sin salida una vez que viniese un ejército fuerte siguiéndolos. A los dos días vino el Dr. Terra con su escolta y me dijo, que el coronel Núñez quedaba en Corral de Piedra y que de allí no se adelantaría. A pesar de eso le reiteré lo anterior e hice ver que aquí, no podría resistirse si venía Arribio y que no, había salida a no ser para emigrar. El Dr. Terra convencido indudable1nente de que así era, hizo chasque en el acto a Núñez observándole cuanto le dije y Núñez parece prometió no continuar.
 El 14 de abril entonces resolví mi viaje al Brasil: a las diez y media pasé a Yaguarón para aprontarme y tonar el vapor a las 12; á esa hora efectivamente me embarqué y estaba allí, el Dr. Terra, que había resuelto también, seguir y entonces me dijo, que el coronel Núñez había llegado a Artigas con su escolta, que había conferenciado con él y acordado no pasar del Corral de Piedra y que Núñez regresaba enseguida a su campo, lo que no hizo, pues al día siguiente de nuestra salida al llegar a Pelotas ya supimos que la división seguía su marcha hacía Artigas, dando el Sr. Paseyro otras noticias desagradables.


4.
Seguimos el 16 a Porto-Alegre, donde enseguida nos ocupamos de nuestro cometido; yo debía tomar allí el tren para ir a San Gabriel, pero el 17 recibimos nuevos y alarmantes telegramas de Yaguarón del Sr. Paseyro y otros amigos en que se nos decía que Núñez estaba con toda su división en Artigas y hacia todo género de exigencias al Sr. Paseyro, que era el jefe interino del punto. Empezaban no los síntomas, sino los arreglos, para la disolución de las fuerzas. A mi no me sorprendieron ya esas noticias, porqué, no suponía otra cosa desde que habían venido a Artigas. Yo le pedí al Dr. Terra que se viniese en seguida, pues, a mi juicio solo él podría remediar algo. El Dr. Terra estuvo conforme en regresar debiendo seguir yo al mismo tiempo á San Gabriel, para de allí, venir a San Luis llenando así en una buena parte nuestro cometido, pero a la mañana siguiente resolvió el Dr. Terra no seguir para esperar una persona que no estaba en Porto Alegre  entonces le dije que yo no seguiría a San 'Gabriel y tomaría el vapor para Artigas pues, si bien creía que en nada podría influir yo ante el Coronel Núñez y sus  jefes a quienes no conocía siquiera, tenía el deber de proveer lo que las circunstancias aconsejasen respecto a la Guarnición de Artigas que dependía de mí.


Me embarqué, pues, el 18 en Porto Alegre, llegando a Yaguarón el 22 a la 1 p. m. En el momento de llegar a Yaguarón fui informado por mis amigos allí -y algunos comerciantes de Artigas que se habían visto obligados a emigrar por las exigencias del coronel Núñez-de todo lo que ocurría.
En seguida pasé a Artigas, dónde ya no encontré al Sr. A. Paseyro que era el encargado durante mi ausencia: este amigo se había retirado con el coronel Martirena y otros temiendo las amenazas del coronel Núñez, procedimiento muy oportuno como se verá.
Fui enseguida a ver al coronel Núñez a su campo; en el camino, el Sr. Garat –ex jefe político de Flores- me dijo: «Núñez le va a exigir dinero para comprar municiones, diciendo que le han propuesto cantidad, pero no crea por qué es la misma nuestra- la que él hará aparecer como otra.». Aunque no conocía entonces yo al Sr. Garat, así lo creí porque sabía perfectamente que no había munición en Yaguarón fuera de la que yo había mandado y traído. El coronel Núñez me recibió bien, preguntándome en seguida por el Dr. Terra, le dije que había· quedado en Porto Alegre pero que vendría enseguida; no le pareció bien y sin dejarme decir más me dijo la resolución que de acuerdo con sus jefes había· adoptado de disolver la división de su mando, pues que la revolución estaba vencida y sin recursos; que á él se le había ofrecido cuanto recurso fuera preciso al llegar al Departamento y que no tenía más intención que 8 tiros para cada soldado y que él no haría guerra de montoneras por no ser patriótico eso: que el partido no había respondido porque en 40 días de campaña no había habido incorporaciones, que todo estaba perdido.



5.
Entonces – con mucho cuidado- le manifesté mi extrañeza pues que el general Saravia se había internado al centro, que el coronel Lamas sabíamos había marchado de Olimar y que en cuanto a municiones él podía contar en ese momento con regular cantidad que yo había traído y esperaba más al día siguiente por el vapor, y más que se había conseguido –cantidad de armamento y más municiones que debía recibirse en la frontera San Luis y que yo creía posible aún salir con su división por la frontera hasta Aceguá: me preguntó si yo tenía la seguridad de que llegado a San Luis recibiría armas y municiones, le contesté afirmativamente y entonces me dijo: -“Bien, confiando en su palabra y siempre que se pueda comprar 25 mil tiros que me han ofrecido en Yaguarón, para lo que preciso mil pesos y entregándome usted alguna munición más, yo marcharé porque teniendo munición le daré una segunda lección a Arribio. Le observé que extrañaba hubiese esos 25 mil tiros en Yaguarón sin yo saberlo: me dijo que era un negocio muy reservado, pero que si conseguía el dinero, a la noche siguiente se lo llevaría a la margen del Rio –las municiones. Me di cuenta de que el quería el dinero y que él emigraría, pero me quedaba la esperanza de que él pudiera salir de Artigas y una vez afuera algunos jefes trataran de seguir con el coronel Jara y los demás que seguían. Quedé de ver si conseguía el dinero para el día siguiente –siempre que se pudiera realizar la compra y ser buena la munición que él iba a mandar inspeccionar y avisarme.
Jefes Blancos de la Revolución del 97
Al regresar a Artigas, varios amigos me pidieron que de cualquier modo se le diese la cantidad pedida, en la convicción de que no era para munición, pero su para librar al comercio de la imposición o contribución que se decía desde el día antes les iba a imponer, lo que yo no habría podido evitar. Referente a Antonio Paseyro, me dijo que debía haberlo fusilado y que eso aún podía suceder.
Al día siguiente volví a verlo: me dijo que esa noche le entregarían las municiones compradas y que en la madrugada marchaba con toda su gente y que tenía seguridad de salir muy bien si se encontraba con Arribio, pues tenía municiones y eso era todo. Entonces conseguí en Artigas 880 pesos que fueron a entregárselos personalmente D. Ruperto Coirolo y D. Rafael Medeiros, cuyo recibo dio. Esa madrugada marchó el coronel Núñez con las fuerzas que tenía, dejando el Batallón 4º que lo tenía en Artigas y lo dejó en la plaza a órdenes del comandante Chaves.


6.
En vez de llevar ese batallón como me había dicho, le ordenó –así que recibió el dinero-, que se hiciese cargo de la Receptoría y que si no era bastante ese batallón le mandaría otro. Yo había quedado esa noche en Yaguarón y muy temprano se me avisó que Chaves tenía orden de exigirme seis mil pesos, que si yo no los tenía los sacase del comercio como contribución. Yo me detuve en Yaguarón y di mis instrucciones al capitán Juan T. Martínez, encargado de la fuerza de la guarnición que estaba acantonada rigurosamente desde la noche antes, pues parece que se hablaba de saquear al pueblo: en esos momentos fue Chaves a Yaguarón a verme para que yo viniese y acordase la forma de él hacerse cargo de la Guarnición y Receptoría según lo ordenado por Núñez, pero yo ya sabía todo, hasta que Núñez estaba pasando gente en el Paso de las Piedras y había mandado buscar una gran tropa para pasar al Brasil. Le dije a Chaves que podía retirarse que yo había tomado las precisas medidas ente las autoridades de Yaguarón para quitarle los ganados a Núñez y hacerlo prender y que lo hacía responsable por los desórdenes que hubiese en Artigas, pues si se producían los que consiguiesen pasar a Yaguarón serían llevados a la cárcel. Chaves se fue y enseguida hizo pasar los soldados del 4º con sus armas ocultas para Yaguarón, donde continuó haciendo la venta que se venía haciendo desde días antes, y quedando en Artigas solo la Guarnición de allí.
El coronel Núñez seguía su pasaje precipitado en el Paso de las Piedras donde habíase apoderado de la balsa y botes, pasando sus caballos y gente preferida primero dejando desarmados a los demás. En estas circunstancias los encontró la vanguardia de Arribio, haciendo tirar a muchos al agua en la mañana del 25. La tropa de ganado, 400 novillos en su mayor parte del Sr. Galarraga, la abandonaron al llegar Arribio. Núñez enseguida y sabiendo que con interés se le buscaba para prenderlo se fue con dirección al Arroyo Grande siguiendo a Río Grande donde dio su manifiesto antes de irse a Buenos Aires.
El mismo día 25 se dio cuenta al Comité. El mismo 25 y en momentos que se trataba de hacer pasar la guarnición para Yaguarón por la balsa unos y otra parte con el armamento iba a una Isla inmediata, se presentaron precipitadamente el mayor Albarenque con 50 hombres completamente desarmados que no pudiendo pasar en las piedras y habiéndoles tomado las armas Núñez, tuvieron que retirarse a Artigas, tiroteados ya por los enemigos pasaron a Yaguarón con caballos y recados. En esa circunstancia fue que el capitán Labeque con Frutos Rivero, Juan S. Zamora, Santana y otros más salieron imprudentemente a descubrir si ya venían cerca los enemigos lo que no había duda, puesto que como queda dicho, el mayor Albarenque había llegado perseguido por ellos.


7.
Cuando Labeque regresó la balsa llegó a Zager bajando los últimos hombres lo que se hizo apresuradamente para hacerla regresar como se efectuó gracias a la actividad y esfuerzo del gerente del paso capitán brasilero Juan B. Machado –a quien el comité agradeció por nota sus importantes y desinteresados servicios de ese día. Mientras la balsa volvía a Artigas, las fuerzas del gobierno, creo que al mando del comandante Cristi entraban por la calle principal; fue entonces que el valiente capitán Labeque formó sus compañeros al frente de la calle y los tiroteó hasta concluir sus municiones consiguiendo así desorganizarlos y detenerlos, haciéndoles algunas bajas.
En ese momento llegó la balsa, era ya tiempo, pues al cesar el fuego por falta de municiones, los atacantes entraban por otras calles y llegaron a la playa en el momento que la balsa se retiraba. El capitán Labeque fue muy felicitado al desembarcar en Yaguarón con sus compañeros.
Las armas de la guarnición fueron tomadas por la guarnición de Yaguarón debido a no haber procedido el capitán Martínez según las instrucciones que tenía, pues en el último momento hubo que llevarlas a una isla y allí las tomó un empleado de la policía de Brasil muy afecto al Bordismo. Se componía ese armamento de 47 Remington y Combleins de infantería, 4 Winchester, 3 Maubicher y un arma del capitán Basualdo y algunas espadas, habiendo quedado en Artigas como 20 armas descompuestas y 40 lanzas, todo lo que se habría salvado si se hubiese transportado en la noche antes, como se había indicado.
Benavente y su estado mayor en La Cruz

En Yaguarón ya, me ocupé con el correligionario Coirolo de acomodar la gente, alquilamos un gran almacén del Sr. Olivera donde se colocaron ciento y tantos hombres y otros en otras casas cedidas generosamente por el Sr. Coronel Díaz; suministrándoles carne, yerba, leña y fariña.
A los dos días llegó el Dr. Terra a Yaguarón. Impuesto por mí de todo lo ocurrido con Núñez, le indiqué la conveniencia de que él personalmente llevase a Aceguá, donde había también fuerzas emigradas con el coronel Trías, le gente que había emigrado con el armamento que se había recogido y estaba en poder de un amigo en el Paso de las Piedras y algunas que yo ya había comprado a las mismas fuerzas. El Dr. Terra estuvo de acuerdo y se hizo ese mismo día una reunión de jefes en casa del Sr. Coirolo y después de muchas dificultades que trató de allanar el Dr. Terra y repartir los recursos que pudo, se acordó mandar la gente a la estancia de Borche como se pudiese para de allí marchar, pero ese mismo día algunos jefes que estuvieron en la reunión parece que hicieron nuevas exigencias del Dr. Terra que creo no pudieron ser atendidas y resolvieron quedar. Acordamos que de cualquier modo siguieran Terra con Borche, Bastarrica, Orue, Labeque y otros oficiales y los soldados en número de ciento y tantos a los que se les compraron en su mayor parte los mismos recados que habían vendido, pero que iban al cuartel y de allí según decían aconsejados por sus antiguos jefes, volvían a irse. Esa noche se mandaron 95 armas de precisión, algunas espadas y como 30 mil tiros a una estancia donde debía pasar a recibirlas el Dr. Terra para seguir a Aceguá. Al siguiente día siguió Terra efectivamente con algunos oficiales y Borche también marchó con los que se habían mandado a la estancia donde estaban las armas: llegado allí el Dr. Terra resolvió, según lo manifestó Borche, no seguir en la expedición, tomando el tren para Río Grade de donde fue conducido después a Porto Alegre. Desde entonces no tuve comunicación con el Dr. Terra. El armamento quedó depositado, siguiendo Borche y Bastarrica a Aceguá, dejando allí el primero los hombres que llevaba y siguiendo el mayor Orue para la Argentina; el capitán Labeque creo siguió con Terra.
Poco después de esto vino el Sr. A. Arostegui siendo portador de una note del Sr. A Márquez dándome conocimiento de su nombramiento de Jefe de Fronteras y para que entregase al Sr. Arostegui las armas reunidas, las que puse a disposición de dicho señor.


8.
Tratábamos de organizar algunos hombres para que el Sr. Arostegui llevase al Ejército, conjuntamente con las armas, cuando fue llamado urgentemente de Bagé para donde salió enseguida por diligencia. Poco después vino el Sr. José Arostegui y el Sr. Bastarrica en busca de esas armas y municiones las que ordené entregar y fueron llevadas para ponerlas a disposición del Coronel Trías; ignoro a quien fueron entregadas las 95 armas y las municiones.
Foto cedida por Néstor Faliveni Moreno

Mi situación en Yaguarón era difícil, pues desde abril había orden de internarme y tenía que estar completamente oculto; pero eso no obstó a que pudiera ocuparme de algo. Seguí comprando las armas que me fue posible de las muchas que aún se vendían en Yaguarón y que habían pertenecido a la División Núñez, había también algunas de las obtenidas por mí en Pelotas, como también municiones. Me ocupaba de organizar algunas partidas que se habían conservado por Rincón y Parado y habían pasado el Mayor Olano y otros oficiales para hacer reunir todo y proceder como fuese de conveniencia, todo con orden y autorización del Comité. En esta circunstancia pasó el Ejército del Norte estacionándose en Aceguá durante el armisticio y enseguida una orden del Coronel F. Saravia para que esas fuerzas se le incorporasen, lo que les ordené hiciesen en la isla Patrulla donde creo no alcanzaron ya á Saravia.
Pactado el armisticio el General Saravia me ordenó por nota que mandase por el coronel Varela Gómez el armamento que hubiese disponible y municiones a lo que di cumplimiento entregando 42 fusiles con su munición correspondiente, quedando algún armamento para el que no había munición aquí ni en el Ejército según me manifestó el Coronel Varela Gómez que entendió debía dejarse.
Todo lo que decía en su parte el General Arribio referente a muertos y ahogados e] 25 cuando entró a Artigas es incierto, pues no hubo otro muerto que el sargento Isaac Vibla que estaba avanzado a 2 leguas afuera con 3 soldados y peleó sin querer rendirse porque todos los que lo rodeaban daban la orden de matarlo, y el otro muerto fue Cándido Esmeradeo, un español vecino que ese día, ebrio salía de la Villa y fue lanceado, degollado y robado a una cuadra de la Iglesia. No hubo ahogado ninguno, ni aquí, ni en el Paso de las Piedras.


Publicado originalmente en “La Revista Uruguaya”, editada en Mercedes en el invierno de 1905, en entregas mensuales que se transcribieron numeradas y lo más textual posible,






lunes, 20 de febrero de 2017

1º Expo T. y Tres

La Exposición Agro-Pecuaria Industrial de 1903


El 1º de enero de 1903, a las 3 de la tarde, se inauguró oficialmente la Exposición Agro-Pecuaria Industrial, con enorme afluencia de visitantes.
Don Aureliano G. Berro, secretario de la comisión organizadora, abrió el acto leyendo un espléndido discurso que fue justamente muy aplaudido. Posteriormente hizo uso de la palabra el entonces diputado por nuestro departamento Francisco J. Ros, dando lectura a un laborioso y notable trabajo estadístico que se complementó con el interesante y esclarecedor informe del Ing. Machiavello de los tipos de tierra del departamento. A su término, el Dr. Juan Antonio Escudero, cuyos sacrificios y trabajos tendientes a la celebración del evento nadie desconocía, improvisó “un patriótico discurso abogando con ardor por el triunfo en la concreción de esta clase de iniciativas positivas de progreso y engrandecimiento público”. Acto seguido, hicieron uso de la palabra representantes de la prensa nacional y local, y la parte oratoria culminó con la alocución del martillero encargado de las ventas, el Sr. Lugarou y culminó el acto de apertura con la ejecución del himno nacional por parte de la Banda Popular, dando un carácter más solemne a la fiesta.
Las crónicas de la época destacan que “durante toda la tarde fue enorme la concurrencia de visitantes, siendo el punto central el comienzo de las ventas. En el pabellón de Industria, mucho que admirar, desde la curiosa variedad de “cuernos” artísticamente modelados, hasta los más ricos muebles fabricados con maderas de nuestros montes: cuadros, objetos, muebles de adorno, arados, un bote, carruajes y cien objetos más, cada cual de valor indiscutible, llenaban esa sección que demuestra todo lo que en Treinta y Tres puede hacerse con constancia, inteligencia y labor. Las instalaciones generales, galpones, bretes, corrales, etc, estaban ocupados materialmente con productos variados y selectos de ganadería, descollando finísimos tipos de ejemplares vacunos y ovinos.”

La culminación de un largo camino


Todo había comenzado en los últimos años del siglo XIX, cuando un joven abogado treintaitresino, el doctor Juan Antonio Escudero, integrante de una familia proveniente de Rocha y radicada en la 4º sección del departamento, muy relacionado con la dirigencia de la Asociación Rural del Uruguay, concurre a nuestra ciudad capital con el propósito encomendado por la ARU de promocionar la exposición ganadera que habría de llevarse a cabo en el año 1900 en la localidad de Rocha, e interesar productores de esta zona en concurrir a la misma a adquirir reproductores de calidad para mejorar los rodeos de la zona.
En cumplimiento de esas misiones, el doctor Escudero reúne algunas docenas de fuertes productores y personas de influencia del medio, y deciden conformar una comisión con el principal cometido de concurrir a la Exposición de Rocha que se promocionaba, pero el mero hecho de reunirse a conversar llevó a ampliar los horizontes de los propósitos propuestos, constituyéndose en comisión permanente que enarbola como aspiraciones el establecimiento de una muestra de ese tipo también en Treinta y Tres, y a tales efectos se nombra una primer Comisión, que a la postre organizó con singular éxito el primer torneo que hoy nos ocupa.
Foto sin fechar, pero con toda seguridad de principios de siglo XX. Algunos hemos identificado: El de sombrero blanco, de bigotes, es el Dr. Julio María Sanz; a su derecha de gran barba blanca, el Coronel Bernardo Berro; a la izquierda de Sanz, el General Basilicio Saravia. A espaldas de Berro, suponemos que pueda ser el Coronel Urtubey, y el corpulento de la derecha sin seguridad podría ser Luciano Macedo.

Dicha comisión estuvo presidida por el entonces Jefe Político de Treinta y Tres, Coronel Bernardo G. Berro, secundado por destacados personajes de la época, como Braulio Tanco, Juan A. Escudero, Basilicio Saravia, Agustín de Urtubey, Luciano Macedo, Julio Mº Sanz  y otros.
Durante muchos meses los productores olimareños, olvidando rencillas y diferencias políticas “en tiempo de paz” trabajaron denodadamente para organizar el evento con lujo de detalles e intentando asegurar el mayor éxito.
Se consiguió con la Junta Económico Administrativa la cesión de un terreno recientemente adquirido sobre el camino real al Paso del Olimar, lindero con el Ejido justo donde había estado emplazado el cementerio viejo, y se realizaron las obras necesarias para el torneo: galpones, mangueras, bebederos, techos de sombra, y hasta un palco oficial, confeccionado en material que se conservó intacto hasta finales del siglo XX.
Todo estaba previsto para la realización de “la feria” a mediado de diciembre de 1902, pero algunos días antes se pospuso para el primero de enero de 1903, fundamentalmente a causa que el invierno se había alargado con una primavera lluviosa y se habían atrasado mucho las esquilas.

Finalmente, todo estuvo pronto, hasta la combinación de un tren fletado especialmente de Montevideo a Nico Pérez para arribar a esa ciudad a primeras horas de la noche, desde donde saldrían hacia Treinta y Tres todas las diligencias disponibles que se habían fletado especialmente para trasladar a los concurrentes con el fresco de la noche para evitar los calores veraniegos.

Muestra Pecuaria


A pesar que todas las crónicas de la época califican como “muy numerosa” esta primer exposición en nuestra ciudad, la documentación oficial conservada en la Asociación Rural del Uruguay (A.R.U.) respecto al tema específico del concurso de animales en sus tres ramas principales, vacunos, lanares y yeguarizos, nos da la pauta que en el área de concurso la concurrencia de animales no fue tan grande como lo fue en lo que tiene que ver con los que concurrieron a venta, comúnmente denominados animales “a feria”.
Días antes del comienzo oficial de las actividades, según se informa por Paseyro y Monegal desde las páginas de “La Razón”, ya habían sido nominados destacados productores del medio junto a otros referentes a nivel nacional, para actuar como jurados en las distintas categorías, algunos como delegados de la propia A.R.U., y otros designados por la Comisión Organizadora. En lo que refiere a los ganados vacunos, actuaron en varios equipos los señores Tomás Ashfield, Diego Walton, Doroteo Diago,  Teodoro Berro, José Francisco Lucas, José María Moreira, Emilio Sanchez y Cándido Gordillo. Para los ovinos, juraron en las diferentes categorías los productores Bautista Ospitaleche, Enrique Arocena, Alberto Sienra, José María Lete, Tomás Ashfield, Juan I. Machado, Miguel Bidart, Isidoro J. Amorín y José R. Gómez, mientras que en lo que tiene que ver a los equinos, adjudicaron los premios los especialistas Ramón E. Silveira, Carlos De Castro (hijo), Wenceslao Silveira y Tomás Ashfield. Además, se estipuló un premio especial que sería otorgado por un jurado compuesto por los señores José Pirrougelli, Francisco Lapido, Antonio Mautoni, Alejandro Gallinal, Emilio Sanchez, José A. Otamendi, Eufemio Juanicó, Ladislao Silvera, Próspero Silvera, Victorio Sosa, Pantaleón Juanicó, J. Pedreira Junior y L. Scarzolo Travieso.
Se puede apreciar al fondo de la fuente las viejas instalaciones de las exposiciones; galpones y hasta el molino de agua

Tras haberse oficiado los trabajos de rigor por parte de estas comisiones, se otorgaron los siguientes premios: en la raza Hereford, se declaró desierto el premio Gran Campeón, adjudicando en la primer categoría (Toros a Galpón) el primer premio al toro “Westford” presentado por Tomás Jefferies, quedando en segundo lugar “Ceibo”, ejemplar remitido por Enrique Gorondona. En la segunda categoría, Toros de Campo 3 años, resultó triunfador el reproductor “Airoso”, de Alberto Gallinal y segundo “Defensor”, del mismo expositor, quien además obtuvo los premios correspondientes a la tercer categoría, toros de campo de 2 años, con sus productor “Alerta” y “Currutaco”. En Puros por Cruza resultó ganador  Jefferies, al igual que en la categoría de Premio Conjunto al mejor lote. Asimismo, se adjudicaron dos premios especiales a los toros “Friar” de Tomás Walton y a “Excelesfield”, de Doroteo Diago. En lo que tiene que ver con los vientres, resultó premiado un lote de 6 vacas mestizas de Alberto Sienra quedando en  segunda posición el lote de 6 vaquillonas presentado por Jefferies, quién también ganó el premio designado para el mejor lote de vacas de cría.
En Durham, el vencedor fue “Guerrillero” de la estancia Peñagaricano, resultando en segundo lugar “Elefante”, presentado por José Francisco Lucas, quien también ganó los premios de Terneras con sus ejemplares “Huga” y “Huerfanita”. En las categorías de toros de menor edad, el ganador fue Ladislao Silveira, segundado por el “Girondino” de Carlos Reyles y “Brick” del mismo expositor. En ganados de campo, los ganadores fueron los lotes presentados por T. Bell y Ramón Gutiérrez, otorgándose premios especiales a los ejemplares “Ontario”, de Braulio Tanco y “Bonito” de Arocena.
Con respecto a los resultados obtenidos en la jura de los ejemplares ovinos, fue primer premio el carnero Hampshire Down Nº 50 presentado por Francisco Vidal, segundo el ejemplar Nº 63 propiedad de Ramón Gutiérrez, de Minas, con mención especial como “premio del jurado” a un carnero expuesto por Andrés A. Sosa. En ovejas, fue laureado el lote presentado por el mencionado Gutiérrez, secundado por el brete remitido a concurso por José Otamendi. En la raza Merino Rambouillet, el primer premio correspondió a Alejandro Mautone (de Rocha) y los restantes a Manuel Beldarrain, Otamendi, Gutiérrez, y a Tomás Jefferies, en tanto que en Borregos, el premio fue otorgado a Braulio Tanco con su carnero “Euskaro”.
En equinos, mientras tanto, también Jefferies conquistó los premios a los reproductores machos de raza Puros de Carrera, el primero con el doradillo malacara “Monseñor” y el segundo con “Discreto”. El concurso de caballos de campo lo obtuvo Julio Urueña con 5 baguales mestizos. Asimismo, se otorgaron premios especiales a ejemplares puntuales que no tenían competencia por ser los únicos de su raza, unos “Tiro Liviano” presentados por Jefferies, una Pony y un lote de “5 yeguas y su correspondiente burro” presentados por Tanco.
Como curiosidad, publicamos a continuación el detalle de las ventas llevadas a cabo en la oportunidad, según los registros que se han podido rescatar:


CANT
ESPECIE
RAZA
NOMBRE
VENDEDOR
COMPRADOR
 PRECIO UNI
1
toro
Hereford
Currutaco
Alejandro Gallinal
Feliciano Sosa
             600,00
1
toro
Hereford
Alerta
Alejandro Gallinal
Hermenejildo Silvera
             540,00
7
borregas
Rambuillet

Ignacio Urtubey
Manuel Meneses
             500,00
1
toro

Girondino
Carlos Reyles
Abelardo Olmos
             500,00
1
toro
Durham
Airoso
Alejandro Gallinal
Bautista Hontou
             470,00
1
toro
Hereford
Onix
Alejandro Gallinal
Antonio Araujo
             470,00
1
toro
Hereford
Dichoso
Alejandro Gallinal
Próspero Silveira
             425,00
1
toro
Durham
Brick
Carlos Reyles
Jose Francisco Lucas
             400,00
1
toro
Durham
Malevo
Jose Francisco Lucas
Feliciano Sosa
             350,00
1
toro
Durham
Elefante
Jose Francisco Lucas
Feliciano Sosa
             350,00
2
carnero


Francisco Vidal
Braulio Lago
             300,00
1
toro
Hereford

Macció
Ladislao Silvera
             265,00
1
toro
Hereford

Silvera, Arocena y Haro
Braulio Silvera
             250,00
1
toro
Durham

Peñagaricano
Isidro Telechea
             210,00
1
toro
Durham
Espada
Peñagaricano
Brito e hijo
             210,00
1
padrillo

Manzanera
Tomás Jefferies
Edelmiro Silvera
             200,00
1
toro


Kelly
Tomás Jefferies
             187,00
1
toro
Hereford
Petronia
Arocena y Haro
E. Gorrondona
             165,00
1
toro
Hereford

Tomás Jefferies
Belisario Delmon
             150,00
1
toro
Hereford
Napoleón
José Francisco Lucas
V. Alvez Pereira
             150,00
4
carnero
Rambuillet

Bidart
Jose Francisco Lucas
             137,00
3
carnero
Rambuillet

Bidart
Jose Francisco Lucas
             131,00
1
carnero
Rambuillet

Bidart
Andrés Sosa
             128,00
2
toros
Durham

Julio Clausolles
Isidro Telechea
             125,00
1
toro
Hereford

Arocena y Haro
Hilario López
             120,00
1
toro
Durham

Julio Clausolles
Braulio Tanco
             120,00
2
toros
Durham

Arocena y Haro
Andrés Jauregui
             115,00
1
terneros
Hereford
Ceibo
Enrique Gorrondona
Angel Quintela
             100,00
2
toros


Lopez y Viera
Brígido Lago
             100,00
1
carneros


R. Gutierrez
Carmen F. de Melchierri
                98,00
1
terneros
Hereford
Arrayán
Enrique Gorrondona
Pedro Jauregui
                95,00
3
toros


Antenor Sanchez
Angel Quintela
                95,00
1
toro
Hereford

Tomás Jefferies
Bernando G. Berro
                90,00
1
caballo
Anglo-Normando

Ing. D. Lopez
Luciano Macedo
                90,00
1
caballo




                90,00
1
carnero


R. Gutierrez
Augusto Martínez
                90,00
1
terneros
Hereford
Ñangapiré
Enrique Gorrondona
Francisco Ungo
                85,00
1
toro
Hereford
Libra
Braulio Silvera
Juan Toledo
                80,00
5
carnero
Rambuillet

Ignacio Urtubey
Ing. Machado
                80,00
1
carnero


Jose Ramírez
Marcos Baudean
                80,00
1
toro
Hereford

Tomás Jefferies
Luis Barnada
                75,00
1
toro


Lopez y Viera
Belisario Delmon
                75,00
1
toro


T. Waller
Belisario Delmon
                75,00
1
toro


Kelly
Belisario Delmon
                75,00
1
toro
Hereford

Tomás Jefferies
Juan A. Escudero
                70,00
2
toros
Durham

Braulio Tanco
Augusto Martínez
                70,00
1
caballo


Ramón Brito
A. del Grossi
                65,00
16
vacas
Durham

Osorio Silveira
Silvera, Arocena y Haro
                60,00
1
toro
Hereford
Quebracho
Enrique Gorrondona
Eustaquio Martinez Alvariza
                60,00
5
toros
Hereford

Irureta Goyena
Francisco N. Oliveres
                60,00
5
toros
Durham

Santos Urioste
Rudecindo Pereira
                60,00
1
toro


Kelly
Manuel Meneses
                60,00
1
toro


Simonelly y Kelly
Brígido Lago
                59,00
6
vaquillonas
Durham

Julio Clausolles
Belisario Delmon
                52,00
19
carnero


Pedro Nazabal
Victoriano Sosa
                52,00
4
toros


Antenor Sanchez
Medardo Olmos
                51,00
1
toro


Bieigieder Freire
Francisco Ungo
                51,00
6
vaquillonas
Durham

Julio Clausolles
Manuel Meneses
                50,00
1
toro
Durham

Peñagaricano
Isidoro J. Amorin
                50,00
1
toro
Hereford

Silvera, Arocena y Haro
Ladislao Silvera
                50,00
1
toro
Hereford

Irureta Goyena
Naceaceno Lopez
                50,00
4
toros
Hereford

Silvera, Arocena y Haro
A. del Grossi
                50,00
30
vacas
Hereford

Alejandro Gallinal
Andrés Sosa
                50,00
1
toro
Hereford

Silvera, Arocena y Haro
Belisario Delmon
                50,00
5
toros
Durham

Santos Urioste
Epifanio Martínez
                50,00
8
vaquillonas
Hereford

Julio Clausolles
Belisario Delmon
                50,00
1
toro


Antenor Sanchez
Brígido Lago
                50,00
2
toros
Hereford

Silvera, Arocena y Haro
Manuel Beldarrain
                50,00
1
toro
Durham

Silvestre Ayala
José Olano
                50,00
2
toros


Antenor Sanchez
Brito e hijo
                50,00
1
toro


Kelly
Brito e hijo
                50,00
1
toro


Simonelly y Kelly
Brito e hijo
                50,00
1
toro


Lopez y Viera
Brito e hijo
                50,00
1
toro


Drable Hnos.
Brito e hijo
                50,00
16
vaquillonas
Hereford

Julio Clausolles
Hilario López
                47,00
10
toros
Durham

Silvera, Arocena y Haro
José Olano
                46,00
6
vaquillonas
Hereford

Julio Clausolles
Juan Hontou
                45,00
50
vaquillonas
Cruza D y H

Julio Clausolles
Angel Quintela
                45,00
25
vaquillonas
Cruza D y H

Julio Clausolles
Eduardo Quintela
                45,00
1
toro


Lopez y Viera
Carlos Barrios
                45,00
2
toros


Enrique Gorrondona
Jose Otamendi
                45,00
22
vaquillonas
Durham

Julio Clausolles
Braulio Tanco
                45,00
17
vaquillonas


Julio Clausolles
Victoriano Sosa
                45,00
5
vaquillonas
Durham

Julio Clausolles
Juan A. Escudero
                45,00
2
toros


Simonelly y Kelly
Eustaquio Olivera
                45,00
1
toro


Drable Hnos.
Eustaquio Olivera
                45,00
2
toros


Antenor Sanchez
Emilio Sanchez
                45,00
1
toro


Drable Hnos.
Emilio Sanchez
                45,00
1
toro


T. Waller
Emilio Sanchez
                45,00
1
toro


Kelly
Antonio Spagnolo
                45,00
24
vacas


Julio Clausolles
José F. Lucas
                44,00
2
vacas
Hereford

David Fernandez
Braulio Silvera
                42,50
1
carnero


Pedro Nazabal
Juan de Dios Rivero
                40,00
31
vaquillonas
Durham

Julio Clausolles
Manuel Meneses
                40,00
15
toros
Hereford

Alejandro Gallinal
Juan Beloqui
                40,00
8
vaquillonas
Durham

Luis Gadea
Braulio Tanco
                40,00
15
vaquillonas
Durham

Luis Gadea
Braulio Tanco
                39,00
6
toros
Hereford

Silvera, Arocena y Haro
Juan Alzamora
                38,00
2
toros
Durham

Irureta Goyena
Victoriano Sosa
                37,50
17
vaquillonas
Durham

Julio Clausolles
Braulio Tanco
                37,00
1
toro


Bieigieder Freire
Juan Salaberry
                35,00
1
toro


Bieigieder Freire
Pedro Acosta
                35,00
4
toros


Diego Duford
E. Buenafama
                33,00
11
vaquillonas
Durham

Peñagaricano
Isidro Telechea
                31,50
1
toro


Enrique Gorrondona
M. Alvariza
                31,00
20
vacas
Durham

Arocena y Haro
Ladislao Silvera
                30,00
2
toros
Hereford

David Fernandez
Rodrigo Moreira
                30,00
16
toritos
Cruza D y H

Ramón Gutiérrez
Francisco Mendoza
                30,00
11
vacas
Durham

Julio Clausolles
Belisario Delmon
                30,00
10
toros


Diego Duford
Brito e hijo
                30,00
2
toros


Lopez y Viera
Brito e hijo
                30,00
1
toro


Drable Hnos.
Francisco Ollamburo
                28,50
25
vacas
Hereford

Macció
Manuel Beldarrain
                28,50
25
vacas con cria


Macció
Silvera y Hontou
                28,00
19
vaquillonas


Drable Hnos.
Juan Salaberry
                28,00
1
toro
Hereford

Teodoro Berro
Braulio Tanco
                28,00
1
toro
Hereford

Teodoro Berro
Hip. Fernandez
                28,00
3
toros
Hereford

Irureta Goyena
Brito e hijo
                27,00
25
vacas con cria
Hereford

Macció
Ladislao Silvera
                26,50
2
toros
Durham

Arocena y Haro
Filomena Corbo
                26,50
2
toros
Hereford

Irureta Goyena
Lorenzo Ferreira
                26,50
6
vaquillonas
Durham

David Fernandez
Feliciano Sosa
                26,00
12
vacas


Macció
Próspero Silveira
                25,50
30
vaquillonas
Hereford

Isidro Telechea
Macció
                25,00
20
vacas
Hereford

Macció
Antonio Araujo
                25,00
25
vaquillonas
Hereford

Macció
Lorenzo Ferreira
                25,00
5
toros


M.H. Jackson
Manuel F. Lago
                25,00
10
vaquillonas
Durham

Peñagaricano
Juan Beloqui
                24,00
10
vacas


Drable Hnos.
Tomás Jefferies
                23,00
40
vaquillonas
Durham

R. Gutierrez
Juan Beloqui
                22,00
2
toro
Hereford

Teodoro Berro
Jose Francisco Lucas
                22,00
1
toro
Hereford

Teodoro Berro
Manuel F. Lago
                22,00
1
toro


M.H. Jackson
Manuel F. Lago
                22,00
10
vacas
Durham

Peñagaricano
Juan Beloqui
                21,00
20
vacas
Hereford

Ramón Fernandez
Eustaquio Olivera
                21,00
1
potrillo


Bieigieder Freire
Bernando G. Berro
                21,00
10
vaquillonas
Hereford

Ramón Fernandez
Olegario Martinez
                20,00
2
carnero


Francisco Vidal
E. Alvarez
                20,00
5
vacas


Lopez y Viera
Braulio Tanco
                20,00
14
vaquillonas
Durham

David Fernandez
Ladislao Silvera
                19,00
22
vacas
Hereford

Ramón Fernandez
Juan Salaberry
                19,00
1
potrillo


Bieigieder Freire
José F. Larrosa
                19,00
22
vacas
Hereford

Ramón Fernandez
Victoriano Sosa
                18,50
16
terneros
Hereford

Ramón Fernandez
Victoriano Sosa
                18,50
1
carnero


Ignacio Urtubey
Benito Azambulla
                18,50
5
carnero
Merino

Enrique Gorrondona
Francisco N. Oliveres
                18,00
1
carnero


Ignacio Urtubey
Juan de Dios Rivero
                18,00
6
vacas
Durham

Ramón Brito
Carlos Telis
                16,50
8
vacas


Bieigieder Freire
Juan Salaberry
                16,50
1
petisa


Laureano Muniz
Feliciano Sosa
                15,50
5
vacas con cria
Hereford

Ponce De Leon
Bernando G. Berro
                15,50
47
vaquillonas


Diego Duford
Juan Salaberry
                15,25
2
borregos


Joaquín Ramírez
Andrés Sosa
                15,00
1
carnero


Joaquín Ramírez
David Fernandez
                14,00
145
vacas
Hereford

Teodoro Berro
Próspero Silveira
                13,50
5
carnero


Ignacio Urtubey
Miguel Rocha
                13,00
78
vacas


Kelly
Antonio Spagnolo
                13,00
2
vacas


Kelly
Antonio Spagnolo
                13,00
5
carnero


Ignacio Urtubey
Isidro Telechea
                11,00
2
potrancas


Bieigieder Freire
Bernando G. Berro
                11,00
1
carnero


Francisco Vidal
Nereo Aguilera
                11,00
1
carnero


Ignacio Urtubey
J. Ruiz
                11,00
10
carneros


Enrique Gorrondona
M. Acosta
                10,50
1
carnero


Francisco Vidal
M. Acosta
                10,00
20
carneros


Ignacio Urtubey
Isidoro J. Amorin
                10,00
1
carnero


Ignacio Urtubey
Isabel Rodríguez
                10,00
2
carneros


Ignacio Urtubey
Alonso Díaz
                10,00
2
carneros


Francisco Vidal
Gregorio Ibarra
                10,00
98
carneros


R. Gutierrez
Urbano Mederos
                  8,00
10
carneros


M. Rodríguez
José Arroyal
                  7,00
7
carneros


J. Echeverrigaray
Miguel Izmendi
                  5,00
10
carneros


M. Rodríguez
B. Amorín
                  4,00
27
borregas


M. Rodríguez
Alonso Díaz
                  1,20

Artes e industria


Una de las particularidades que tuvo la primera exposición de referencia es, sin dudas, la característica muy especial, desacostumbrada por entonces en este tipo de eventos, de ser sede también de una importante muestra cultural e industrial, con un espacio propio destinado a los productos presentados. Las secciones de Arte e Industrias, donde también existió nutrida competencia y fuerte presencia de expositores, un jurado especialmente constituido al efecto otorgó las siguientes distinciones:
Copa de la Primera Exposición que se conserva

en el Museo Histórico Departamental

El vencedor en el área de arte, fue el ciudadano brasileño Joaquim Pedreira Junior, quien presentó una serie de fotografías del río Cebollatí, y que estuvo instalado durante el transcurso de la exposición con sus equipos fotográficos, registrando gráficamente el evento, “perpetuando las diversas fases del hermoso torneo ganadero”, según destacaba un periódico de la época. Cabe señalar, además, que en una entrevista realizada al mencionado fotógrafo algunos días después de su premiación, Pedreira Junior, radicado en Melo como Cónsul Brasileño en esa localidad, afirmó que las fotografías tomadas en la exposición serían publicadas en una revista de la cual es uno de sus directores, denominada “Uruguay-Brasil”, y de la que no hemos podido encontrar ningún ejemplar.
En lo que tiene que ver con trabajos manuales, resultaron premiados algunos expositores cuyos nombres tampoco fueron preservados, con productos de guampa tallada, mates grabados, trabajos en maderas de ceibo y mimbre “donde sobresalen cestos y sillas”, dice el cronista, mientras que trabajos más voluminosos como muebles, herramientas, carruajes y hasta “una piragua” fueron destacados con sendas menciones especiales.
Con respecto a los productos de granja, la nota informa de otros premios otorgados a gallinas expuestas por Tomás Jefferies, a conservas y chacinados, a “vinos provenientes de la 3ª. Sección y de la Granja Echandy”, así como una mención especial a la “yerba mate elaborada por el Sr. Percibal, quién obtuvo además de una medalla de plata, un significativo premio en metálico.

Por último, en lo que se refiere a la muestra de productos agrícolas, obtuvieron premios los productos presentados por Juan Basso, fundamentalmente semillas de varias frutas y hortalizas.



Parte del Palco Oficial de la Primera Exposición que se conservó hasta mediados de los años 70 en la cancha del Parque Colon