lunes, 15 de junio de 2026

Curiosidades en la creación del departamento

 

Un par de años de tratamiento parlamentario de la ley modificaron los  límites del pedido original

 

Al igual que en el enunciado de la conocida “Ley de la conservación de la materia” de Antoine Lavoisier, que en su forma más conocida afirma que “Nada se gana, nada se pierde, todo se transforma”, la evolución histórica de la división geopolítica del país, sufrió una constante transformación desde el inicio de la colonización hasta finales del siglo XIX, cuando con la creación del departamento de Flores, se completan los 19 departamentos que hasta la fecha constituyen nuestro división administrativa nacional.

Para llegar ello, se sufrió un largo proceso que podríamos valorar comenzó junto a las distintas demarcaciones de límites de la época de la conquista entre las posesiones españolas y lusitanas, que serían muy largas y tediosas de detallar. Pero lo cierto es que al inicio del camino institucional como república independiente, nuestro país contaba con tan solo diez departamentos: solito Paysandú al norte del Río Negro, dos enormes al este: Cerro Largo y Maldonado, tres más al centro: Durazno, San José y Canelones y dos al oeste, Soriano y Colonia, que junto al capitalino Montevideo completaban el mapa nacional.

Pocos años más tarde, en 1837, al norte del Negro se divide Paysandú para crear los departamentos de Salto y Tacuarembó, mientras que al sur, nace el departamento de Minas, generado con tierras tomadas de Maldonado y Cerro Largo, que por primera vez ve achicado su territorio. En esa partición, cabe señalar, el departamento de Minas “le roba” a Cerro Largo una generosa porción de terreno, desde el Cebollatí, antiguo límite con Maldonado, hasta el Olimar en toda su extensión, desde las nacientes hasta la barra, un área aproximada a las 625 mil hectáreas.

Veinte años después, en 1856, nace Florida, partido de tierras maragatas. Más de otros 20 años pasarán para una nueva división administrativa: en 1880 se crean Río Negro, escindido de Paysandú, y Rocha, dividiendo terrenos con Maldonado. Algunos pocos años después, en 1884, ocurre la creación de tres departamentos más: al norte Artigas, con área suprimida a Salto y Rivera con parte de las tierras de Tacuarembó, y al este Treinta y Tres, que toma territorios de dos “donantes”, Minas y Cerro Largo. La cuenta, se completará al año siguiente, con el fraccionamiento de San José para el nacimiento de Flores.

 

Un poco de historia

 

En efecto, el 20 de setiembre de 1884, el entonces presidente de la República General Máximo Santos, tras haber culminado un par de días antes (el 18) un largo camino legislativo de casi dos años para la aprobación de la Ley N.º 1754, que se hace por medio de la Asamblea General, promulga la misma estampando al pie su firma.

El camino fue largo y tuvo en su devenir muchas discusiones y modificaciones a la aspiración primaria de los vecinos que propiciaron la idea de crear el nuevo departamento.

Una extensa misiva con un pedido para la conformación de un nuevo departamento que había sido enviada al presidente Santos por vecinos de la Villa de Treinta y Tres, habría sido el puntapié inicial para la iniciativa remitida al parlamento por el Poder Ejecutivo.

Ese pedido, redactado por una autodenominada “Comisión de Segregación” que se había conformado a instancias de la entonces autoridad vecinal de la Villa, la Comisión Auxiliar de la Junta Económico-Administrativa de Cerro Largo, conteniendo -según asegura el doctor José Luciano Martínez en un artículo publicado en 1953- más de dos mil firmas además de una extensa argumentación destacando las ventajas de la creación de esta nueva división administrativa.

Al respecto, el doctor Martínez (también general del Ejército), explica en esa publicación mencionada que ya en épocas cuando Máximo Santos era Ministro de Guerra durante la primera presidencia de Francisco A. Vidal (1880-1882) éste habría recibido un telegrama solicitando “su valiosa protección para (…) la creación de un departamento en esta jurisdicción tanto más útil y necesario que los últimamente creados por su situación topográfica y recursos…”, y explica además que Santos contestó que se ocuparía del tema.

En otro pasaje de su publicación, Martínez anota que ya siendo presidente Santos, en marzo de 1883, en una visita que le realizó el escribano Lucas Urrutia, le comunicó que había enviado al Parlamento el proyecto, noticia que trasladó Urrutia a los habitantes de la zona siendo recibida en la villa y sus alrededores con una explosión de alegría. En este párrafo debemos afirmar que si bien Urrutia no figuró en ningún documento que hayamos accedido al respecto de la creación del departamento, no hay dudas que fue él el verdadero impulsor y el primer batallador de la idea del departamento propio. Lo reconocen -años después en el cincuentenario del departamento- sus propios coterráneos incluso algunos de los sobrevivientes de la época que en su momento eran “antiurrutistas”.

Efectivamente, el 21 de marzo de 1883 se presenta el proyecto en la Cámara de Representantes, la que lo pasa a estudio de la Comisión de Legislación, en el seno de la cual permaneció más de un año, ya que se extendieron los debates ya no debido a la conveniencia o no de la creación del nuevo departamento, sino en lo que tiene que ver con su extensión y límites.

 

Cuestión de límites: 14 meses de idas y venidas

La solicitud original de los lugareños, exponía “razones de origen geográfico que impiden el desplazamiento de los vecinos de la “zona comprendida entre los arroyos Cebollatí, Parado, Otazo y Cuchilla Grande”, para llevar a cabo toda la actividad administrativa, policial y judicial que tomó incremento a partir de la fundación del pueblo; asimismo, expone las ventajas económicas que reportaría al país, y los recursos con que se contaba para el mantenimiento de la administración departamental a crearse” , y proponía como límites del nuevo departamento el área comprendida entre el río Cebollatí desde sus nacientes hasta la desembocadura del “Arroyo Parao”, este último hasta sus nacientes, a continuación la Cuchilla Grande hasta llegar a las nacientes del Arroyo Tupambaé y por este último hasta su desembocadura en el Río Negro. La propuesta bajaba el límite por el Rio Negro al sur hasta la barra con el “Arroyo El Cordobés”, por éste hasta sus nacientes en la Cuchilla Grande, y nuevamente por ella hasta encontrar la naciente del Cebollatí.

 

Finalmente en Comisión se llega al acuerdo de realizar un cambio de límites corriendo el límite sur del nuevo departamento hasta el arroyo Corrales y el Olimar Chico desde sus nacientes en el espacio territorial que se le segregaría al departamento de Minas en favor de Treinta y Tres y en mayo de 1884 se informa a la cámara favorablemente, y se espera una rápida resolución favorable al respecto.

Pero no fue así. En el marco de la discusión se desatan varios debates, fundamentalmente y de nuevo, en lo que a cuestión de límites se trata, y en el devenir de varias sesiones se argumentan posiciones de dos grupos antagónicos: uno liderado por el diputado de Cerro Largo, Federico Demartini, y el otro por el de Minas, Isaac de Tezanos.

La argumentación principal de Demartini establecía que con estos límites proyectados, el departamento de Treinta y Tres quedaba como un departamento mediterráneo, sin ninguna intervención en la vigilancia de las fronteras con el Brasil, uno de los puntos importantes de la sucesión de divisiones políticas de la época. Pero además Demartini argumentó sobre el hecho de asignar al nuevo departamento la parte de Cerro Largo comprendida entre el Tupambaé, el Río Negro y el Cordobés, señalando que “presentan muchos inconvenientes al vecindario por sus largas distancias; pero también por estar en relación directa a aquel comercio con el de Cerro Largo y por buena accesibilidad vial del Río Negro a Treinta y Tres.

El propio diputado cerrolarguense, propone el cambio de límites extendiendo al este la jurisdicción del nuevo departamento hasta la Laguna Merin, o sea todo el terreno conocido como Rincón de Ramírez, el área comprendida entre el Cebollatí desde el Parao hasta su barra en la Laguna, la costa de ésta hasta la desembocadura del Tacuarí, ascendiendo aguas arriba por éste hasta la Azotea de Ramírez, acercando una línea hasta el Parao y siguiendo por éste hasta sus nacientes y desde allí seguir la cuchilla grande hasta la naciente del Olimar Chico, o sea los límites actuales de nuestro departamento, como finalmente fue aprobado, y se estipula en el artículo primero de la ley donde  se establecen los límites departamentales:

AL NORTE el Arroyo Parao desde sus nacientes hasta el límite exterior del llamado “rincón de Ramírez”; desde dicho límite hasta el Río Tacuarí; este río aguas abajo hasta su desembocadura en la Laguna Merín.

AL ESTE. La ribera de la Laguna Merín desde la barra del Tacuarí hasta la barra del río Cebollatí, y siguiendo el curso de este río aguas arriba hasta la barra del Arroyo Corrales.

AL SUR: el Arroyo Corrales desde su barra con el río Cebollatí hasta sus nacientes, un rumbo desde dichas nacientes hasta la barra del Arroyo Averías en el río Olimar Chico, y desde dicha barra de Averías, siguiendo el mismo Olimar Chico hasta sus nacientes en la Cuchilla Gran-de.

AL OESTE: la Cuchilla Grande en toda su extensión desde las nacientes del Olimar Chico hasta las nacientes del Arroyo Parao.

  En el artículo segundo, se establece una contribución especial de los pobladores del nuevo departamento por el espacio de 3 años para solventar los gastos de instalación, y el tercero establece la obligatoriedad del nuevo departamento de contar en las elecciones con dos Representantes Nacionales y sus respectivos suplentes.

 

Tierras que forman el departamento

                               

Es normal, a partir de los límites establecidos por la mencionad ley, no cuantificar cuales fueron las resignaciones de territorio que debieron realizar por orden superior los departamentos de Minas y Cerro Largo para la conformación de Treinta y Tres.

Más allá de caseríos informales, más o menos aglomerados, generalmente situados en torno a escuelas, puestos policiales o algunas grandes concentraciones de trabajo zafrales, el territorio adjudicado al nuevo departamento no tenía más centro poblado que la villa de Treinta y Tres.

De las 953 mil hectáreas que conforman nuestro departamento, más de las dos terceras partes, fueron desmembradas de Cerro Largo, unas 680 mil hectáreas, que comprenden el área limitada por el Olimar y Cebollatí al suroeste y sur, la Laguna Merín al Este hasta la desembocadura del Tacuarí, por éste aguas arriba hasta la punta del Rincón de Ramírez desde donde continúa al arroyo Parao siendo el límite hasta sus nacientes, y desde allí hasta las nacientes del Olimar, la demarcación recorre la cima de la Cuchilla Grande. En ese territorio, estaban comprendidas, por ejemplo, una media docena de escuelas rurales, y al menos cuatro puestos policiales, sin contar los de la zona urbana.

                            De las casi 275 mil hectáreas segregadas del departamento de Minas, acotadas entre los ríos Olimar Grande, Cebollatí, arroyo Corrales, Olimar Chico y desde sus nacientes hasta las del Olimar Grande recorriendo la Cuchilla homónima, no hay registros que se hayan heredado ni escuelas ni comisarías. Si en los hechos, por la cercanía con la nueva capital que ya estaba establecida como villa desde unos treinta años antes, los pobladores de esa vasta zona ya tenían contacto comercial asiduo, y muchos de ellos o sus familias radicaban en la urbe de la confluencia del Olimar y el Yerbal.

Cabe destacar, además, como dato anecdótico las modificaciones de límites durante la larga discusión parlamentaria “achicaron” el área original solicitada para el departamento de Treinta y Tres en algo menos de la cuarta parte, más de 250 mil hectáreas que, en lenguaje coloquial, nos “sacaron del buche”.