sábado, 14 de septiembre de 2019

Serán o no serán...

Treinta y Tres entre mitos y mojones



                                    En los confines del Barrio Libertad, entre el Camino de las Tropas que va a la Laguna de Arnaud y la vía férrea, hace muchos años ya se estableció una plazoleta para jerarquizar y conservar el antiguo mojón existente en el lugar. 
                                     La misma, que además de contener una serie de juegos infantiles, conforma  un muy lindo entorno de descanso y pasaje peatonal, cuenta además con un monumento en hormigón con la representación grabada del primer plano de la ciudad de Treinta y Tres mesurado por el Agrimensor Travieso en el que se destaca la leyenda que dice “Plano Fundacional de Treinta y Tres”
                           
       
                                    El mojón propiamente dicho, una construcción de ladrillo que escasamente se levanta más de un metro sobre el piso, tiene desde entonces en una de sus caras una placa de bronce que dice escuetamente “Homenaje a los fundadores – 1853 – 10 – 3 -1978”, aludiendo inequívocamente a la fecha de fundación de nuestra ciudad y la fecha de 1978 (cumpliendo los 125 años exactos de la fundación), me animan a suponer con seguridad aunque no lo he confirmado documentalmente, que haya sido en esa fecha que se realizó el diseño y parquización de la mencionada plazoleta.
                                       Estos dos elementos de conmemoración histórica antes mencionados, la placa en el mojón y el cartel de hormigón, y –porqué no- una cuota de desinformación de las autoridades que realizaron esa obra, han llevado que mucha gente tenga el convencimiento que ese antiguo mojón es uno de los “mojones fundacionales” que se habrían erigido durante las mensuras y delimitación del pueblo de Treinta y Tres, lo que no es correcto.


                                     Como se demuestra en la foto satelital que ha sido sobre escrita y que acompaña estas líneas, ninguno de los dos plano “fundacionales” cuyas copias también se adjuntan, ni el levantado por Joaquín Travieso en 1855 ( la legua cuadrada y 63 manzanas) ni el de Amorín y Brun de 1862 (que demarca las chacras y aumenta el amanzanamiento a casi el doble, 121 manzanas), coinciden en ninguno de sus puntos de referencia con la ubicación del mojón que nos ocupa.
                                        A pesar que existe alguna versión de la tradición oral que indica que el mismo estaría marcando el límite de las propiedades de los Teliz y los Medina, a cuyas sucesiones como es sabido la Sociedad Fundadora les adquirió la legua cuadrada donde se erigió el pueblo, sin dudas la explicación más razonable de la existencia del elemento de demarcación, es la sentencia judicial definitiva del largo juicio favorable a “el pueblo de Treinta y Tres” contra Lucas Urrutia y otros por la posesión de las tierras del Ejido, que en su enunciación devuelve los derechos de propiedad a la sociedad olimareña, obligando a quienes se habían adueñado de las casi 150 hectáreas y que lo habían alambrado para uso propio (Lucas Urrutia, Domingo Ferreira, Claudio Arnaud y Domingo Goyenola), dejarlo libre para el uso popular.
                                                 Según informa Francisco N. Oliveres en su libro titulado “Los pleitos sobre el ejido”, de  1929, a pedido del Fiscal de la época, se mandaron construir mojones que delimitaran en toda su extensión el terreno del Ejido al oeste de la población. El mismo límite que en su mensura de 25 años atrás, Amorín y Brun había hecho coincidir con el punto máximo de la creciente del Olimar.


                                           Por otra parte, Luciano Obaldía Goyeneche en su obra “El solar olimareño” de 1970, también menciona el mojón que nos ocupa, señalando que “fue colocado por orden judicial en el pleito que seguían varios vecinos de ese entonces contra Lucas Urrutia.
En mi opinión, con estas dos pruebas testimoniales y la demostración gráfica de la ubicación de los planos, queda demostrado sin dudas razonables, que el mojón de la plazoleta no es de ninguna manera un “mojón fundacional”, sino una demarcación construida 35 años después de la fundación de nuestra ciudad.  En definitiva, un mito urbano que es falso.


El Mojón “del centro”


                                              En un predio particular, enfrente a la Plaza 19 de abril, concretamente en el patio de la casa lindera al edificio de la Jefatura de Policía, existe otra construcción de tipo mojón, que no guarda similitudes de ningún tipo con el que veníamos describiendo anteriormente: es más fino, más alto, y en una de sus caras está recubierto con losas de piedra laja, y en esa misma cara se aprecia claramente en su diseño, una inscripción con el Nº 33, y los dibujos de una cruz y una espada cruzadas entre si, y que ha dado pie para crear la opinión en el sentido que ese sí sería un mojón fundacional. 
                                            Circulan versiones que inclusive aseguran que desde ese punto comenzaron las mensuras de la cuadrícula de manzanas para conformar el pueblo los agrimensores que, como ya mencionamos anteriormente, realizaron los planos originales.
                                                    Sin embargo, la dueña de la casa que se crió allí y algunas vecinas que acompañaban juegos infantiles en el mencionado patio, nos han asegurado fehacientemente que –al menos el recubrimiento ornado, fue obra del recordado escultor olimareño Ramón Rubiños, reconocido por la utilización de la piedra laja en sus obras, quién realizó el trabajo por cuenta del dueño de casa en el entorno de los años 60.  Una de las personas informantes, además, recuerda tener foto de un día de juegos en torno a la construcción, cuando aún no había sido recubierta. Los testimonios tampoco aseguran el significado del trabajo, aún cuando cabe suponer que el número Treinta y Tres alude a la ciudad, y la espada y la cruz entrecruzadas estarían simbolizando la unión del militar Dionisio Coronel con el párroco José Reventós, para la fundación de nuestra ciudad. Hay, incluso, quienes le dan una simbología relacionada con la masonería, de la cual no tengo ningún testimonio valido en ese sentido.


                                                     Hay un par de razones – además de la mencionada-, que me hacen dudar del origen fundacional de este mojón y considerar esa versión como otro mito urbano. La primera de ellas, es que no está en el centro de las demarcaciones realizadas por los agrimensores delineantes: está a unos 80 metros al este y 12 metros al sur del punto donde se cruzan las diagonales de las manzanas que figuran en los planos de Travieso y Amorín y Brun. La segunda, es que –como se puede apreciar en una de las fotos que acompaña estas líneas, un par de metros más atrás del mismo hay otro, prácticamente del mismo tamaño pero sin recubrir, lo que que hace pensar que originariamente fueran construidos ambos a la vez con un propósito que no es el de servir de punto de mensura.




El mojón de la cuchilla


                                                   Existe un tercer mojón, éste ya lejos de la ciudad, a escasas cinco leguas en las estribaciones suroeste de la Cuchilla de Dionisio, perdido solitariamente en medio del campo y junto al camino que lleva a la escuela Nº 23, al que también se le atribuyen varios orígenes.
La versión más confiable, sin dudas, es la que teoriza que ésta construcción data de finales de la década de 1870, en ocasión de la visita de monseñor Jacinto Vera, primer obispo de Montevideo, que en el marco de su recorrido por la zona este del país, realizó en ese lugar una misa, efectuando casamientos y bautizos entre los pobladores de la zona. Algunos veteranos pobladores de la zona consultados, han sido coincidentes en afirmar que el mojón que hoy existe durante muchos años tuvo en su vértice superior, una cruz de madera, de la que dieron cuenta el tiempo y la intemperie, y que al menos en una ocasión durante el siglo XX, fue restaurado con revoque nuevo para procurar su buena conservación.


                                                          Las otras versiones, una que lo señala como determinando el límite entre las posesiones de Juan Francisco Medina y Antonio De La Quintana a principios del siglo XIX, y otra que establece un origen más moderno, como mojón de mensura de un trabajo de fotografía aérea realizado por el ejército nacional a mediados de los años 60 del siglo pasado, no parecen tener mayor veracidad.
                                                      Quizá haya en algún otro lugar del departamento otros mojones cuyo origen esté tan mitificado como en el caso de estos tres que m
encionamos, pero en el caso de este último, por ejemplo y aunque no les conozco personalmente, tengo datos de la existencia de al menos otro muy similar en la 13ª sección de Cerro Largo, en las proximidades de la Cañada Grande.

sábado, 15 de junio de 2019

"La campaña es un desierto"


El viaje del presidente Juan Francisco Giró y su relación con la fundación de Treinta y Tres





                                             La Guerra Grande había finalizado tras una docena de años de cruel lucha, enarbolando divisas que aún hasta nuestros días perduran. Ese final dejó un gran deseo de paz en la mayoría de los actores, expresado en la reconocida frase “Ni vencidos ni vencedores”, que fue el espíritu del tratado de paz firmado el 8 de octubre de 1851.
                                             Eran tiempos difíciles. Mientras había durado la guerra, los dos gobiernos paralelos en litigio habían financiado sus acciones tomando préstamos que se reconocieron como “deudas del estado” en el mencionado tratado. El descuido de la campaña había facilitado el contrabando incontrolado y los campos estaban despoblados, de ganados y de gente; la principal actividad comercial de exportación de la época, la industria saladeril, que previo a la guerra contaba con más de 30 establecimientos se había visto reducida a 3 o 4 que quedaban en funcionamiento.
                                             En marzo de 1852 es elegido Presidente de la República don Juan Francisco Giró, (soldado de la independencia, constituyente entre el 28 y el 30), con el apoyo de fuerzas blancas y coloradas, iniciando lo que se llamaría “gobierno de fusión” y que intentaba limar las asperezas de la guerra civil y poner en práctica un gobierno que obviara las banderas partidarias.
Preocupado sin duda por la situación de ruina económica y financiera que debía soportar el país al asumir (las rentas aduaneras y otros recursos hipotecados a favor de los acreedores del Estado), el presidente decidió interiorizarse de la realidad socio económica de nuestra agropecuaria. Consciente de que la única fuente de auténtica riqueza radica en el sector primario, Giró quiso conocer de cerca las consecuencias de la guerra en la realidad de la campaña, y en setiembre de 1852, emprende una gira por el interior del país que culminará a mediados de diciembre.
                                               Una extensa comitiva participó del mencionado viaje, y muchas autoridades locales acompañaron tramos del trayecto, poniendo al tanto a la cúpula de gobierno de la problemática real.


                                                    Este viaje, que en sus propias palabras tuvo como principal resultado concluir que “la campaña es un desierto”, provocó en consecuencia muchas acciones gubernamentales actuando para repoblar y dar seguridad a la campaña. En ese marco, es que Giró aprueba, en marzo de 1852, la aprobación del proyecto presentado por Dioniso Coronel y acompañado por la firma de vecinos, para la creación de la ciudad de Treinta y Tres.
                                                          Giró había pasado por la zona, había sido retrasado por el Olimar crecido en primavera, y había recorrido y hablado con los pobladores locales.

El viaje de Giró según crónica de la época

                                               El periódico capitalino “La Constitución” había enviado un corresponsal integrando la comitiva presidencial, y en sucesivas publicaciones va realizando una síntesis de los avatares de la gira presidencial. El duro trayecto de seis o siete días y 60 o más leguas desde Minas hasta Melo pasando por el Paso Real del Olimar, es testimoniado por el mencionado corresponsal en sendas notas, de las cuales extractamos lo más significativo.
                                               El día 11 de noviembre, finalmente, la caravana encabezada por el Presidente Giró prosigue su viaje saliendo de Minas con destino a Melo: en una nota encabezada en “Barriga Negra” el día 12 y publicada el 15 de noviembre en el periódico de referencia, el corresponsal explica que “ ayer a las 7 y media salimos de las Minas; a eso de las 11 paramos para dar alivio a los caballos á inmediaciones del cerro del Bonete, en la estancia de las Maestres. Como a la una de la tarde volvimos a emprender la marcha y a las 5 de la tarde hicimos alto en la estancia de D. Vicente Rodríguez; pasamos la noche y esta mañana a las 7 nos pusimos en camino. Son las 11 y media y acabamos de hacer alto en la cantera de D. Antonio Vidal (…) Tenemos la intención de ir a hacer noche en la estancia de Corbo, del otro lado del Paso Godoy (…) en dirección a Cerro Largo nos quedan seis buenos días de marcha”.


                                                El día 18, nuevamente escribe el corresponsal una extensa crónica, esta vez informando de la llegada de la comitiva a Melo, el día 16 a las 6 de la tarde, y según sus propias palabras, transcribiendo de sus apuntes “detalles de nuestro viage por su orden”, los que transcribo textualmente por considerarlo de interés central para nuestra zona, ya que esas vivencias tienen relación directa con la fundación de nuestra ciudad de Treinta y Tres.

                                               El día 13 a las 6 ½ de la mañana nos ponemos en marcha, a las 8 pasamos el Pirarajá y a las 11 llegamos al Paso de Gutiérrez, tapera de los Cardozo, para almorzar y dar descanso a los caballos – a las 3 de la tarde dejamos ese lugar – son las 5 menos ¼ y acabamos de llegar al paso de los Corrales donde pasaremos la noche pues a pesar de nuestro propósito del alcanzar hoy hasta Olimar nos es imposible a causa de lo avanzado de la hora y de ser la jornada un poco larga.
                         Día 14 – Son las 6 y ¾ de la mañana y dejamos los Corrales. A las 9 llegamos al Paso del Olimar Grande. Nos apeamos en este punto en la estancia de la viuda de González con la intención a permanecer aquí hasta que se efectúe el pasaje de los carruages, caballos, &a. – A las 2 de la tarde pasamos el Olimar Grande embarcados – a las 3 ½ nos apeamos        para hacer noche en la estancia de D. Frutos Medina situada en las caídas del Yerbal – Desde Olimar a este punto nos ha acompañado una fuerte garúa.
                          Día 15 -  A las 7 ½ de la mañana salimos del Yerbal a pesar del agua que aún continúa. A las 10 ½ hicimos alto en los Corrales, Cuchilla de Dionisio, en una pulpería de campaña por no tener otro sitio donde refugiarnos – Allí almorzamos y permanecimos hasta la una, hora en que salimos. – a las 3 ¼ pasamos el arroyo de Otaro, a las 7 y media llegamos a Guazunambí, estancia de D. Juan González (a) el curtidor – Esta jornada ha sido una de las más fatigosas, no solamente por el mal camino, sino por las continuas garúas que no han cesado en todo el día.
                          Día 16 – Son las 10 de la mañana y nos ponemos en marcha para el Cerro Largo – es la 1 ½ de la tarde y acabamos de pasar el arroyo Tacuarí. En su margen izquierda permanecimos dos horas para dar aliento a los caballos – A las 2 y ½ recibimos un chasque de Montevideo, y a las 3 ¼ emprendemos  montamos de nuevo para rematar nuestra jornada de Minas al Cerro Largo, en la que hemos ido sorprendiendo a fuerza de la rapidez con que vamos marchando. Son las 6 de la tarde y acabamos de llegar  a la villa de Melo del Cerro Largo.

¿Existen hoy los lugares nombrados en la zona?

                                            Los datos referentes a lugares y pobladores de nuestro medio de la época nos deja planteados a los interesados en los detalles históricos, tres interrogantes principales: cuál era la casa de la “viuda de González” en la margen derecha del Olimar donde esperaron que fuera vadeado el río, dónde era la casa de “Frutos Medina” en la que hicieron noche los viajeros, y cuál y dónde era la “pulpería de campaña sita en Los Corrales, Cuchilla de Dionisio donde debieron guarecerse de la tormenta.

                                                                    Investigaciones realizadas por el estudioso coterráneo Amílcar Brun Almiratti, tras exhaustivo estudios de documentos y la geografía lugareña, le han permitido llegar a la estimación razonable de haber encontrado el lugar donde estaba la casa de Frutos Medina, cuya ubicación exacta de momento nos reservamos hasta no lograr la convicción basada en pruebas o documentos que comprueben
fehacientemente que sea ese el lugar.


                                                                    Brun amablemente compartió su teoría conmigo, y juntos fuimos a “descubrir” el lugar, convenciéndonos aún más ante la visión de una vieja tapera y construcciones aledañas, que ese es el lugar indicado. Las viejas paredes de piedra construidas “en seco”, la ubicación rodeada de protección natural que hacen difícil su acceso por varios frentes, una vieja “manguera” aterrada prácticamente invisible a simple vista, son algunos de los evidencias que se pueden considerar para evaluar la certeza del lugar. Acompañan estas líneas un par de fotografías ilustrativas del sitio que suponemos fue la estancia de Frutos Medina, y que debería ser considerado parte del patrimonio histórico departamental si es que –como pensamos- se confirma su veracidad.

jueves, 6 de junio de 2019

Fundación y primeras estadísticas


Lucas Urrutia y su informe de 1872, las bases de la historia treintaitresina



                                                             Sin ningún lugar a dudas, la casi desconocida aunque muy nombrada monografía redactada por
Lucas Urrutia cuando culminaba el año 1872, poco menos de 20 años después de la firma del decreto fundacional de nuestra ciudad, constituye no sólo un documento valioso para conocer detalles de esa época referentes a Treinta y Tres, sino que es –además- el punto de partida ineludible para todos quienes desde entonces, nos interesamos por la historia local.
                                                                   Rescatado casi con toda seguridad por el Doctor Francisco N. Oliveres a principios del siglo XX de algún archivo olvidado en Cerro Largo, fue publicado por la Comisión Organizadora de las fiestas conmemorativas del cincuentenario de la creación del departamento de Treinta y Tres en Agosto de 1935, con el pomposo y altisonante nombre de “Informe de la Comisión Auxiliar de Treinta y Tres a la Junta Económico Administrativa de Cerro Largo en diciembre de 1872 redactado por su secretario Don Lucas Urrutia”, y prologado y comentado por el propio Oliveres.
                                                                    El extenso informe, como es lógico, se refiere únicamente a la problemática y actualidad de nuestra ciudad y sus adyacencias a escasos 20 años de su fundación, siendo que administrativamente Treinta y tres formaba parte aún de la 5º sección de Cerro Largo, y es una detallada muestra combinada de rendición de cuentas con aspiraciones de mejoras en muchos rubros, y ya se atisba en su redacción las primeras menciones para convertir a Treinta y Tres en la capital de un nuevo departamento.
                                                                 A los efectos de realizar esta breve síntesis, podríamos dividir este trabajo de Urrutia en dos partes complementaria. En la primera, luego de una introducción donde explica las razones de redactar tan extenso documento, que básicamente son dar cuenta de las acciones llevadas a cabo por la Comisión Auxiliar que integra como secretario y rendir cuentas de los ingresos y gastos de la misma.
                                                                      Entre las más de 20 “materias” como las llama el autor que trata la primera parte de su comunicación a sus superiores de Melo, Urrutia comienza realizando un racconto de las actuaciones de la Sociedad Fundadora, hace una encendida defensa de la creación de una “Policía municipal”, y detalla estado, historia y proyectos refenente a temas tan diversos como el Cementerio Público, la Iglesia, las Escuelas Públicas y la educación, la Cárcel, las propiedades municipales, Pasos y balsas y caminos públicos. Dentro de los temas estrictamente municipales, además, se extiende también en lo que hace al “régimen interno” de la corporación, a temas de estadística, de jurisdicciones, tasas e impuestos (Derechos de abasto, permisos para edificar, rentas locales y presupuesto, entre otras.

                                                                           En lo que tiene que ver con la sociedad, la vida social y pública, hay capítulos referidos a la agricultura, al abigeato, a las Boticas, a médicos, vacunación y salud, Correos y comunicaciones, haciendo un verdadero estudio sociológico de la actualidad de entonces en la novel villa.
                                                            En lo que sería la segunda parte, el autor detalla exhaustivamente en seis “anexos”, muy bien explicados y documentados, los aspectos más importantes de los temas que considera esenciales, y es –sin dudas- la parte más destacada del documento.

Anexo A – Informe de la comisión Fundadora y estadística


                                                                  Al iniciar este capítulo, Urrutia realiza una reseña pormenorizada de “todos mis trabajos en el delicado pero honroso cargo que mis coasociados me habéis conferido” –vale aclarar que era entonces el Gerente de la mencionada Sociedad Fundadora-, informando del ordenamiento de los libros de la sociedad, la consecución de la escritura de propiedad de la legua cuadrada adquirida originalmente, y el otorgamiento de títulos escriturados a todos los propietarios de terrenos que pudieran justificar la propiedad, mediante el canje de los recibos originales extendidos por la Comisión.  Hace mención también, en este apartado, de los reglamentos de ordenamiento territorial realizados, donde obliga a cercar los terrenos, guardar distancia de construcción respecto a las calles, y homogeneizar el tipo de construcción en algunos lugares, especificando por ejemplo que “la población (casa o comercio) que se construya sobre la línea de la calle no se permitirá que tenga techo de paja, ni pared que no sea de ladrillo”, ya desde el año 1866.
                                                                            Acto seguido informa de un error en la primer mensura de la legua cuadrada medida por Travieso en 1855, que se rectificó con la mensura de Amorín y Brum realizada en 1861, que además modificó la cantidad de manzanas destinadas a solares. Ambos detalles, el error en exceso del primer plano, y el aumento del área de solares, dieron lugar a una serie de disputas y acuerdos, muchos de los cuales fueron zanjados por las buenas, pero en algunos casos, como por ejemplo sucedió con la Chacra de Palacios, debió llegarse a una decisión judicial tras un largo juicio de varios años de duración.

Estadística


                                                                          Presentando este apartado, Urrutia sostiene que presenta las siguientes estadísticas “para dar una exacta idea de la importancia actual de esta localidad, cuyos datos he recogido yendo personalmente casa por casa”.
En lo que refiere a la población de entonces, afirma:
El número de habitantes que residen en la legua cuadrada asignada a este pueblo por ley, asciende a 1.804.
Viven en el terreno de solares 1.186 almas, en 106 casas de material y 53 ranchos de paja.
En el terreno de chacras, viven 618 almas, en 21 casas de material y 62 ranchos.
Acto seguido, indica que “son 242 poblaciones que contiene en promedio 7 pesonas y media”, de las cuales saben leer y escribir 529, saben solamente leer 282 y ni leen ni escriben más de la mitad del total, 993 personas.
Con respecto a la nacionalidad de los habitantes de entonces, Urrutia publica la siguiente tabla:
                                            Orientales      1506
                                             Españoles        128
                                            Brasileros          76
                                             Franceses          29
                                             Italianos          27
                                             Africanos          16
                                             Argentinos          12
                                             Portugueses          4
                                             Alemanes           4
                                             Paraguayos           2
                                                    Total     1804

                                                     Asimismo, especifica que “son de color, es decir, negros y pardos  267, mientras que los blancos y mestizos de indio suman 1537.
                                                Refiere que hay 183 niños y 207 niñas de 7 a 14 años de edad que pueden recibir educación: total 390 niños. 
                                                  De éstos hay matriculados en la escuela de niños municipal 61, además de 1 adulto y 11 menores de 7 años (total 73), siendo la asistencia media en el mes de 45.
                                                            Hay en la escuela de niñas, también municipal, matriculadas 51 y además 2 adultas y 8 menores de 7 años, total 61, con una asistencia media de 39.
                                                             Reciben educación es escuela particular 13 varones y 21 niñas.
                                                    El total de matriculados de 7 a 14 años es de 134, es decir, una tercera parte del total.
                                                         En lo que tiene que ver con las profesiones y comercios existentes en momentos de la elaboración del informe, el detalle es el siguiente:

                                      Casas de Giro e industria
                                               Tienda y Pulpería        17
                                                 Herrerías                 2
                                               Carpinterías               2
                                               Zapaterías                 2
                                               Platerías                         2
                                               Confiterías                  1
                                               Sastrería                     1
                                               Billares                           2
                                               Retratistas                 2
                                               Tahonas                         1
                                               Hornos de Ladrillo      3

De estas 36 casas de comercio, 23 pertenecen a españoles, 5 a franceses, 2 a brasileros, 1 a un alemán, y solamente 5 de ellas están en manos de propietarios orientales, razonando en este punto Urrutia que “tristes frutos de nuestras guerras civiles” son los que llevan a que casi la totalidad del comercio esté en manos extranjeras.
                                                                     Con respecto al aspecto social, y tomando el cuenta no solo el pueblo sino el área de influencia de la iglesia, el informe asegura que desde la fundación “se han contraído 63 matrimonios, se han bautizado 779 niños, y en el cementerio se han realizado 68 inhumaciones.

Los siguientes anexos


                                                                 Los siguientes anexos del informe tratan el “B” sobre la Policía Municipal y su reglamentación, el “C” sobre la rendición de cuentas de la obra del Cementerio (de la Soledad, situado en la actual Cruz Alta), el “D” acerca de un proyecto de  reglamento para el uso del cementerio, (donde se dispone además el traslado de los restos existentes en el primer cementerio de la ciudad hacia el nuevo antes del 2 de noviembre de 1873), el “E” sobre la “cuenta de gastos originados en la obra del templo de la villa de Treinta y Tres”, el “F” que incluye el detalle de los exámenes escolares del año 72 y el siguiente y último que realiza el balance de gastos e ingresos de la comisión.
                                                               
        Junto a los temas detallados, el extenso informe se ocupa además de hacer un pormenorizado relato de la situación y la solución propuesta para los principales problemas de interés público de la entonces novel “Villa de los Treinta y Tres”. Recuérdese que en la época, nuestra ciudad contaba con menos de 20 años de fundada.
                                                                  Uno de los problemas que más preocuparon a la Comisión Auxiliar entonces, fue sin dudas el del Cementerio público, tema al que se le dedica especial atención. En este apartado comienza explicando el aspecto económico de la construcción del nuevo cementerio realizada por el Cura Vicario Ramón Rodríguez según contrato realizado con la Junta Económico Administrativa de Cerro Largo de la cual dependía administrativamente esta ciudad. Se refiere al segundo cementerio que tuvo nuestra ciudad, que fue llamado “De La Soledad”, estaba situado en la zona de la Cruz Alta, y funcionó hasta finales del siglo XIX
                                                               Al respecto, el informe destaca en primer lugar las cuentas, haciéndose constar con números que omitiremos, que la deuda de entonces con el constructor “quedará amortizada en tres años más”, afirmando más adelante que “a fin de 1874 el Cementerio pertenecerá exclusivamente al Municipio”. Luego, informa que el primer cadáver supultado fue el de María Jesús Carballo, esposa de Pedro Méndez, vecino de Los Corrales en la 2º sección de Minas, el 31 de agosto de 1865, aunque la bendición del Cementerio no se realizó sino hasta mayo del 1867 durante la visita del Obispo de Megara y Vicario Apostólico de Estado, Monseñor Jacinto Vera.
                                                                 En el marco de este informe, además, Urrutia elabora y eleva un proyecto de reglamento para el funcionamiento del Cementerio, donde además de regular las prácticas habituales comunes a todos las necrópolis de la época en materia de venta y arrendamiento de panteones, nichos y espacios en tierra, incorpora obligaciones para la revisación y autopsia de los casos dudosos, así como el intento de prohibición de enterramientos sin control en la campaña, práctica habitual de entonces. A este respecto, argumenta: “en los pueblos de nueva creación y en las condiciones de este, cuesta infinito extinguir los resabios encarnados en las masas de nuestra extensa campaña, y es así que todavía conservamos la práctica de dar sepultura a los cadáveres sin averiguar debidamente si para su fallecimiento ha mediado alguno de los tantos crímenes que no deja de haber, o si la muerte ha sido natural. He visto con alguna frecuencia que cadáveres que necesitaban una inspección científica o al menos judicial muy prolija para averiguar tal vez un horroroso crimen, han sido sepultados sin formalidad alguna. Si esto sucede aquí en el pueblo, presentes las autoridades y aun debido a ellas mismas ¿Cuántos crímenes se ocultarán en la campaña, donde cada cual parece estar autorizado para sepultar un cadáver allí donde mejor le plazca y que no está al alcance de la acción judicial?  Es tiempo ya que desaparezca este espectáculo que nuestros campos presentan de ser un vasto cementerio, en los que a cada paso se hallan cadáveres sepultados”  
                                                             El reglamento, sin modificaciones, es aprobado al año siguiente por la Junta Económico Administrativa, con una disposición transitoria que conminaba a trasladar los restos del “cementerio viejo” hacia el nuevo a más tardar el 2 de noviembre de 1873 “con la formalidad y respeto que esto requiere”, apercibiendo que tras esa fecha, de los restos existentes “dispondrá esta Corporación que inmediatamente procederá a extinguir completamente todo vestigio que revele para lo que aquel lugar ha servido”. Cabe recordar que el primer cementerio de la ciudad, estaba ubicado en terrenos del ejido, a la derecha del camino que va hacia el parque del Río Olimar.

De la Iglesia y sus imágenes


                                                          La Iglesia, su historia, construcción y alhajamiento, ocupan también un lugar preponderante en el detallado informe de Urrutia.  Comienza el apartado dedicado al tema, realizando un “racconto” de sus inicios, cuando ante la fundación de la ciudad, el Cura Vicario José Reventós, además por entonces presidente de la Junta Económico Administrativa de Cerro Largo, mandó construir el primer Oratorio en el año 1857 (aproximadamente en el lugar que hoy el Sanatorio, en Basilio Araújo casi Juan A. Lavalleja) y donde se celebró misa por primera vez el 25 de diciembre de 1858. Previamente, según reza el informe, en el mes de julio de 1855, se había empezado a construir en el local que hoy ocupa la iglesia, frente a la plaza 19 de abril, una serie de construcciones que se destinarían a templo la principal, y las demás a casa rectoral y escuela y oficinas públicas.
                                                                 Con respecto a la construcción del tempo, que demandó años y aún a la fecha del informe estaba inconcluso, Urrutia detalla, planos, solares, precios, proveedores y trabajadores de la obra, que en ese momento era dirigida por Nicolás Pomata, así como materiales y avance de obra, que fue bendecida aún sin culminar en marzo de 1871.
                                                               Por otra parte, además, individualiza las imágenes existentes, aunque resalta que son escasas para su envergadura, resaltando que una imagen de la Soledad y dos grandes cuadros que adornan el altar mayor las ha concedido en préstamo él mismo, explicando luego que la imagen del Señor Crucificado, de 6 palmos de altura, es tallada en madera de laurel del monte del Olimar, colocada en la capilla del lado izquierdo, mientras que “la de Nuestra Señora de los Remedios, en el lado derecho, es la que trajo Reventós para esta iglesia”. Aclara además, que se mandaron pedir a Europa donadas por la familia Oliveres, las imágenes de los patronos San Vicente y San Salvador, y establece también que “el señor Cura tiene también una de San Antonio, de la misma madera, del monte del Yerbal, obra también en escultura pero que le falta aún la pintura”.

Otros planteamientos municipales


                                                                Tal como señaláramos, son abundantes los ítems que desarrolla el informe que nos ocupa, del cual hemos resaltado, a nuestro juicio, los aspectos más relevantes, aunque no podemos dejar de resumir muchos otros que quizá despierten la curiosidad de los lectores. 
                                                                     Por ejemplo, hay todo un capítulo dedicado a la educación, detallando escuelas, maestros y preceptores y relatando además muy pormenorizadamente el resultado de los exámenes escolares del año de referencia, habiéndose examinado separadamente varones y niñas, en 7 materias. Las materias para los varones fueron Lectura, Escritura, Gramática, Arimética, Geografía, Doctrina Cristiana y Catecismo; para las niñas, las mismas excepto Geografía, la que era sustituída por “Labores de adorno”
                                                                      Otro de los temas que por su extensión y desarrollo aparecen como de cabal importancia para los gobernantes de la época y para Urrutia en particular, es lo referente a lo que él llama una Policía Municipal, independiente de la Policía Miliar existente entonces, y que “se encargaría del cuidado de todo lo que corresponde a garantías vecinales”, actuando además como “brazo ejecutor de los impuestos y de todo lo que esencialmente corresponde al municipio”. Urrutia planteó y obtuvo la creación de tres puestos de trabajo con esta denominación, que básicamente estaban encargados de conducir oficios, citaciones y demás diligencias actuando como ordenanza y alguacil de los juzgados; revisar toda clase de patentes, pesas y medidas, derechos de abasto, contribuciones y demás rentas  municipales; vigilar alumbrado público, animales sueltos, garantía del agricultor o otras funciones de injerencia públicas.

                                                      Con respecto a las individualizaciones de otro tipo de actividades municipales, Urrutia mostró preocupación por el abigeato, la agricultura, el tema de médicos y vacunaciones, los permisos para edificar, el estado de vías y caminos, los derechos de abasto, la construcción de una cárcel, lo referente a correos y comunicaciones, así como reveló su preocupación sobresaliente por el correcto funcionamiento de los pasos y balsas aledaños a la ciudad, que considera “actualmente mal servidos”, tanto el de Olimar, a cargo de Dionisio Vaco, como el de Yerbal, bajo responsabilidad de José Rodríguez.
                                                    Para finalizar este resumen, y como corolario curioso, transcribiremos unos párrafos que se le dedican al agua potable y los baños, donde dice textualmente: “Está rodeado este pueblo de magníficas aguas procedentes de los arroyos Olimar y Yerbal y dos grandes lagunas. Por su proximidad al pueblo y por sus cualidades potables, estaba sabiamente establecido que se usase la de la laguna llamada de Ferreira para tomar, sin perjuicio de que cada vecino pudiera proveerse de donde mejor se le antojara. Es por estas poderosas razones que hasta ahora estaba prohibido que la gente fuera a bañarse en ella, dejando para este objeto al gran laguna Etchepar y los dos arroyos en toda su extensión. Desgraciadamente, este año la Policía se entrometió en el asunto y autorizó que la laguna Ferreira fuese profanada por los bañistas, con perjuicio de la población pobre y con escándalo del público.”

miércoles, 5 de junio de 2019

Oliveres intendente


Una actitud diferente: no cobró ni un solo sueldo




                                                            El doctor Francisco N. Oliveres, de quien casi todos en Treinta y Tres ya tenemos al menos referencia, fue sin lugar a dudas uno de los hombres más influyentes en nuestro pueblo a comienzos del siglo XX, a quien se recuerda permanentemente por su donación póstuma de la Quebrada de los Cuervos, su biblioteca y otros legados; por su contribución a las grandes obras y emprendimientos de la época; y por su gran aporte a la historia local y regional a partir de tres de sus libros: Los Pleitos del Ejido, Datos, Apuntes y Recuerdos, y Toponimia de Treinta y Tres y Cerro Largo, entre otras cuestiones.

                                                                Oliveres era un abogado, productor y comerciante que heredó un buen capital y lo multiplicó, apasionado de la cultura en general y de la historia en particular, al punto que la colección de documentos que reunió conforman una colección especial de consulta en el Archivo General de la Nación.

                                                                Pocas maneras mejor de definirle habrá que las palabras que le dedicó Luis Hierro en 1912, cuando por razones particulares Oliveres decidió dejar Treinta y Tres y pasar a residir permanentemente en Montevideo, y que fueran publicadas en su momento por el periódico “El Comercio”.

                                                               En la parte medular de su discurso, Hierro expresó: “Es un hombre de bien. Ama la virtud por instinto... Hace el bien por el bien mismo… Practica el deber como una imposición matemática… El doctor Oliveres es bueno, puro, generoso y grande. Si la honradez, la inteligencia, la integridad, la delicadeza, la generosidad y la virtud no tuvieran nombre, deberían llamarse Oliveres…”   “El doctor Oliveres es un hombre de lucha y un hombre de triunfos. No se ha lanzado a las cuchillas acaudillando multitudes, ni ha sentido ante sus ojos el rojizo resplandor de las batallas campales; no ha ido a las tribunas políticas para hacer campañas eleccionarias, ni siquiera ha escalado puestos públicos…”

                                                                   Unos meses antes de su alejamiento temporal de su Treinta y Tres natal, sin embargo, Oliveres había aceptado transitoriamente el único puesto público que ejerció en su vida, asumiendo la presidencia de la Junta Económico Administrativa, en la práctica Intendente del Municipio, acompañado por Rafael F. Ximénez como Vicepresidente y los señores Tomás Sánchez, Santiago Aycaguer, Constancio A. Fleitas, Isidro Medero y Cornelio Piedra como vocales.



                                                                   En la oportunidad, “El Comercio” sostenía: No es necesario forzar el elogio para decir que la actuación del Dr. Oliveres está unida a todos nuestros progresos locales de varios años a esta parte. Protector de todas las empresas elevadas y hombre de verdadera acción en el terreno de la prosperidad general, el Dr. Oliveres, alejado por completo de la política, imprime norte seguro a todos nuestros movimientos de progreso. Las Exposiciones Feria que con tanta frecuencia han derramado su riqueza en el departamento han tenido en el Dr. Oliveres su más decidido paladín. El Centro Progreso que expresa como institución social nuestra cultura, debe su actual próspero estado a la acción perseverante, a la inteligencia y al bolsillo del Dr. Oliveres. Los puentes han tenido en él un gestor importante. El ferrocarril le debió no pocas energías y, en una palabra, el Dr. Oliveres ha estado presente en una forma activa y distinguida en todas las manifestaciones de prosperidad y cultura de Treinta y Tres. Tal es el hombre que por primera vez en su vida acepta un puesto público. Tenemos la seguridad que su gestión ha de arrancar aplausos a todas las personas desapasionadas”.

                                                                      En el marco de su gestión municipal, según publicaciones de la época, Oliveres se ocupó de poner al día las cuentas públicas, racionalizando gastos y esfuerzos y priorizando los servicios básicos, “para sacar al Municipio del mal momento administrativo que estaba pasando”.

                                                                      Ocupó el cargo en forma interina durante algunos meses, - como lo había anunciado según parece-, y al cumplirse cada mes de su “administración”, trascendía similar noticia en los periódicos de la época: la donación de su sueldo mensual. El primer mes, lo donó a las arcas municipales para hacer frente a pagos atrasados, el segundo, lo destinó para la compostura de una calle en la localidad de Vergara, el tercero, fue destinado a la compra de vestimenta a los niños pobres concurrentes a la escuela. El siguiente, del mes de abril, lo donó al Patronato de Damas (institución benéfica), para ser destinado al auxilio “de los pobres perjudicados a causa de las última crecientes”.


                                                                       “Estos rasgos filantrópicos ponen de relieve al hombre. Es notoriamente conocida la delicadeza de sentimientos que para honra de Treinta y Tres ocupa actualmente la Intendencia Municipal. Las intensas virtudes que forman su carácter le generan el aprecio y respeto de cuantos le conocen, porque el doctor Oliveres, enemigo de vanidades y vanaglorias, ha estado presente en forma activa en todos los infortunios, siendo muchos los hogares desamparados que le deben una hora de alegría y un pedazo de puchero”.

martes, 7 de mayo de 2019

Robaron, se tirotearon y algunos huyeron...


El ojo avizor de un policía del 900





Eran, como ya lo hemos repetido varias veces, tiempos difíciles para la campaña de la zona este, a pesar que se había logrado erradicar la mayoría de las grandes bandas de matreros criollos o de origen brasileño que asolaron la zona rural de nuestro país en la segunda mitad del siglo XIX.
Al fines de ese período, con un cuerpo policial más numeroso y profesionalizado, la campaña más poblada y los campos alambrados, el avance en las comunicaciones (telégrafo, teléfonos y caminos más definidos) se estaban logrando fuertes avances en el siempre preocupante tema de la seguridad de personas y bienes, sobre todo en la campaña olimareña.
Y si bien no se evitaban por prevención todos los hechos delictivos, ni se solucionaban descubriendo los culpables tampoco todos los cometidos en las soledades rurales, hay en la crónica policial de esa época muchos casos donde la pericia de los encargados del orden o su persistencia y dedicación, lograban victorias significativas ante los malvivientes.
Ese es el caso, por ejemplo, de un gran robo acontecido en la pulpería de Fernández, en la zona lindera de nuestro departamento del otro lado del Tacuarí, que según lo denunciado por su propietario a las autoridades del vecino departamento de Cerro Largo, una banda compuesta de una decena de malhechores liderados por alguien que llamaban “Capitán”, había asaltado su comercio llevándose algo de dinero y mucha mercadería nueva, mayoritariamente ropa y artículos de cuero y marroquinería.

Estancia principio de siglo, tomada de internet
La siguiente carta, firmada por el oficial a cargo de la Jefatura de Treinta y Tres y dirigida al Ministro de Gobierno, en julio de 1893, a pesar que claramente intenta arrogarse el mérito del descubrimiento inicial, es un inmejorable ejemplo de las acciones llevadas a cabo en la resolución del hecho, que comienza al revés de lo habitual, o sea, con un policía descubriendo a un malviviente guardando subrepticiamente un cargamento sospechoso en su casa, y siguiendo un hilo conductor, con persecución y tiros incluidos, para terminar llegando a la conclusión del caso.



Treinta y Tres, Julio 10 de 1893
Exmo. Señor Ministro de Gobierno
Ciudadano Dn. Francisco Bauzá

Me es grato hacer conocer de VE el resultado de una pesquiza iniciada por esta Gefatura, pesquiza que puso al que suscribe en conocimiento de un asalto y saqueo llevado a cabo en la casa de comercio de Dn. Antonio Fernández vecino del Cerro Largo (Tacuarí) el 11 de junio ppdo y la captura de dos de los autores del hecho como también el encuentro de la mayor parte de las mercaderías robadas.
El 15 de junio pasado tuve conocimiento que hacía tres o cuatro días había sido visto Leopoldo Almeida y otro individuo llegar a casa del primero como a la una de la madrugada y bajar de los caballos uno o dos bultos que introdujo sigilosamente.
Conocidos como son los pésimos antecedentes  de Leopoldo Almeida, ordené inmediatamente un registro y obtuve como resultado el hallar una cantidad de piezas de ropa completamente nueva –como ser bombachas, chalecos, camisas, piezas, etc, etc.
La mujer que vive en compañía de Almeida interrogada por la procedencia de aquella ropa, manifestó que unos desconocidos la habían arrojado adentro de su casa y que ignora quienes fueron.
Las sospechas de robo que desde un primer momento tuve se confirmaron con aquella declaración, y procedí a hacer depositar en poder de uno de los testigos del registro las piezas todas encontradas hasta tanto Leopoldo Almeida, dueño de casa que había desaparecido, justificara la propiedad si es que en realidad existía.
Vigilada la casa registrada, el Guardia Civil de facción notó al anochecer que Leopoldo Almeida aparecía a caballo y acto continuo le hizo saber que tenía orden de presentarlo a la comisaría por una indagación que requería la presencia suya. Oírlo, emprender la fuga Almeida y dispararle varios balazos al Guardia Civil, fue obra de un instante; otro tanto hacía después con el oficial de esta Policía Atanasio Pellejero que recorría también aquellas inmediaciones y que acudía a las detonaciones primeras. Perseguido Almeida de cerca por Pellejero y cambiándose balas sin cesar, logró escapar debido a la oscuridad de la noche y proximidades del monte,  no sin dejar en poder de Pellejero el caballo (que rodo) ensillado y herido, poncho, sombrero y un abrigo.
Al día siguiente sospechando quien pudiera ser  el compañero de Almeida cuando bajaron los bultos, ordené también un registro en su casa y encontróse otra cantidad de piezas de ropa nueva. La mujer de Adrián Sotelo (nombre del sospechado) manifestó que aquello lo había traído su marido unos días antes y que ignoraba la procedencia, agregando que no sabía donde se hallaba Sotelo.
Depositado en la Gefatura el nuevo hallazgo, dicté sin perder tiempo orden de detención  contra Leopoldo Almeida y Adrián Sotelo, pues no me quedaba ya duda que se trataba de un robo, aún cuando ninguna denuncia tenía al respecto y constándome que en este Departamento nada había sucedido.
Hecho esto tomé medidas para saber si en alguno de los Departamentos linderos se había efectuado el robo y efectivamente sabía dos días después por la Gefatura Política y de Policía de Melo que la casa de comercio de Don Antonio Fernández situada en Tacuarí había sido asaltada y saqueada por diez individuos de los cuales uno era llamado “Capitán”; no se tenían más datos del hecho.
En conocimiento ya de lo sucedido, pasé todos los antecedentes al Juzgado Letrado Departamental y ordené que el oficial Pellejero con cinco Guardia Civiles se pusiera en marcha para la 7ª sección y a ocho leguas más o menos de esta Villa donde según noticias adquiridas había sido visto Leopoldo Almeida con Adrián Sotelo y otro compañero Pedro Denis (hijo) huyendo. En efecto, procediendo con toda cautela, eran encontrados esos individuos tres días después y cuando no lo esperaban probablemente, pues el silencio de la salida de la comisión había sido completo.
Entre la Policía y matreros hubo un verdadero tiroteo; la persecución dio por resultado la captura de Adrián Sotelo y  huida de los otros dos debido al mal estado de los caballos de la Policía que llevaban ya tres días de marcha.
Una vez Sotelo en la cárcel, díjome que Pedro Denis (hijo) era únicamente sabedor del asalto, y dióme noticias de tres sujetos más que tenían su participación en el saqueo: esa misma madrugada salía nuevamente el comisario Atanasio Pellejero con el mismo Sotelo de baqueano para trasladarse a la 2ª sección y capturar a Hilario Alza, Seferino Mendoza y Juan Alvarez (hijo). Fue hallado solamente Hilario Alza que en esos momentos se preparaba para huir y emprender también la vida de cuatrero que desde un principio adoptaron Mendoza y Alvarez. Alza hizo entrega de una nueva cantidad de piezas de ropa que tenía ocultas.
En una palabra, Exmo. Señor, Sotelo y Alza han confesado por completo el delito cometido y están contestes en que fueron cinco únicamente los asaltantes (y no diez) y que son los nombrados ya, como que era a Leopoldo Almeida a quien llamaban “Capitán”.
Habiendo el señor Juez Letrado Departamental pasado los antecedentes todos del hecho al de igual categoría en Cerro Largo, punto donde se realizó el asalto y saqueo, esta Gefatura con fecha siete del corriente remitió también con igual destino a los presos con todas las mercaderías robadas y declaración por escrito de Sotelo y Alza confesándose autores del crimen de referencia en unión de Almeida, Mendoza y Alvarez; van también las filiaciones de los que aun falta capturar.
Es cuanto deseaba llevar a conocimiento de VE a quien saludo con mi más distinguida consideración:
C. Pereyra – Oficial E.d.D.



* La imagen de portada es de Castells Capurro, tomada de internet

jueves, 2 de mayo de 2019

Barreto: nuevos documentos sobre su carrera militar

Marcelino Barreto: de Teniente de Rivadavia a Coronel de Oribe


                                            A pesar que en nuestras anteriores entregas acerca del Coronel Barreto (http://cosasdetreintaytres.blogspot.com/2019/02/coronel-marcelo-barreto.html) señalábamos que hasta ese entonces no habíamos encontrado documentos que probaran su participación en las luchas independentistas, han llegado a nuestro poder dos importantes documentos que lo avalan, y que detallamos a continuación, con la esperanza de seguir esclareciendo detalles del pasado de este significativo personaje de nuestras raíces olimareñas.

                                            La Provincia Oriental declara su independencia el 25 de agosto de 1825, luego de la rápida acción de la Cruzada Libertadora nacida el 19 de abril con el desembarco de los Treinta y Tres orientales al mando de Lavalleja en la playa de la Agraciada. Tras resonantes victorias militares contra los invasores portugueses y establecer el Sitio a Montevideo, los orientales piden su reincorporación a las Provincias Unidas, y su aceptación por parte de las autoridades bonaerenses fue una de las causas determinantes de la guerra que el Imperio de Brasil declara a la Argentina.
                                           Rápidamente, Bernardino Rivadavia es nombrado primer presidente de la recientemente establecida “República de la Provincias Unidas del Río de la Plata”, quien a su vez nombra como Ministro de Guerra y Marina primero, y como Comandante General del Ejercito, al General Carlos María de Alvear, para hacer frente a ese conflicto, quien debe abocarse de inmediato a conformar un ejército capaz de salir victorioso ante tan poderoso enemigo.
                                            A fines de marzo de 1826 las tropas de las Provincias Unidas contaban con dos mil ochocientas plazas, en su mayoría reclutas, y a estas fuerzas se sumaban cerca de 2500 milicias irregulares al mando del caudillo oriental Juan Antonio Lavalleja, ejército que venía como dijimos de una serie de victorias militares contra los portugueses en territorio oriental.
                                             Uno de los documentos encontrados, fechado en “Buenos Ayres en treinta de Diciembre de mil ochocientos veinte y seis”, establece que “atendiendo a los méritos y servicios del teniente primero D. Marcelo Barreto ha venido a conferirle el mismo empleo en la segunda compañía del segundo esquadrón del Regimiento de milicias de Drages. Libertades. Con la antigüedad de veinticinco de mayo de 1825…”

                                            Este documento está firmado de puño y letra por el entonces presidente Bernardino Rivadavia y por su  Ministro de Relaciones Exteriores Francisco Fernando de la Cruz, y al pié de un anexo que dice “El Gral en marcha sobre Balles, enero 29 de 1827”, el comandante en jefe Alvear estampa su firma ordenándose “cúmplase y tómese razón en la contaduría del ejército”.

                                             Este certificado, en realidad, no avala la participación de Marcelino Barreto en las campañas americanas de los ejércitos libertadores de San Martín previas a la fecha de otorgado, pero si nos deja saber que –por lo menos, Barreto formaba parte de las fuerzas orientales que lucharon por la independencia al mando de Lavalleja. Todo da a entender que el cariz de este documento descripto es parte del ritual de incorporación del Ejército Oriental a su similar de las Provincias Unidas.
                                            En consecuencia también que emana del conocimiento de este oficio, no es difícil de considerar que Marcelino Barreto, a las órdenes de Alvear, haya participado en la gran victoria de Ituzaingó, en 1827, y en Camacuá un par de meses más tarde.

Coronel de Oribe


                                           La pista de su actividad militar vuelve a perderse por algunos años hasta que, como se narra en el artículo anterior mencionado, aparece como comandante de la 2º Compañía de Milicias de Cerro Largo durante el primer período de la institucionalidad uruguaya, bajo la presidencia de Rivera, con los documentos encontrados en la Sala de Materiales Especiales de la Biblioteca Nacional ya detallados.

                                          Bajo el gobierno del General Manuel Oribe, concretamente en un nombramiento fechado en Montevideo el 29 de octubre de 1836, el propio Presidente de la República le confiere el grado de Coronel de Guardias Nacionales del Departamento de Cerro Largo al teniente coronel D. Marcelo Barreto.